¿Y si quedan cicatrices?

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Como una pompa de jabón en un charquito de agua manchado de barro, como una bombilla de navidad que se apaga, como cuando se te hunden los tobillos en el barro, sin recursos ni argumentos, sin lógica aparente…así es la decepción…llena de ilusiones rotas, en lugar donde la confianza se quiebra. La decepción es exigente (o quizás lo seamos nosotros) .

La decepción se parece al sonido hueco de una lágrima que se hunde en el cojín que abrazas, cuando sientes no tener consuelo…

La decepción está llena de confesiones, de confesiones hechas en voz baja, de risas entre dientes y de cosas que cuentas sin ser capaz de pensar que algún día a causa de ello podrán defraudarte.

 La decepción está llena de confianza , la misma que ahora da paso a momentos vacios, sabe a no tener hambre y a buscar porqués, a los que nadie parece querer darle respuesta.

La decepción en una cicatriz que deja de sangrar, pero que te impregna el alma, que te hace estar a la defensiva y vivir siempre con los puños cerrados y el escudo erguido sobre tus pies.

 La decepción es amarga como una noche en vela, es incómoda como las arrugas de una sábana blanca y te produce los mismos escalofríos que una noche de invierno.

En la decepción se ahogan promesas, canciones que un día tuvieron sentido y está llena de trozos de papel roto, de lo que un día creíste que valdría realmente la pena.

 La decepción no mira de cara al pasado y tiene miedo a comprometerse con el futuro, haciendo del presente algo efímero y desinteresado.

La decepción avanza en patines de cuatro ruedas, y late tan fuerte como el corazón cuando esperas a alguien y no llega.

Tiene que ver con la desilusión , con el desengaño…porque la desilusión es opaca y se escapa entre los dedos aunque la agarres con fuerza. Como una mancha de aceite, imparable, persistente, indispuesta, determinante, efectiva… la decepción nunca puede ser efectiva, persistente más derrotada, como una buena partida de ajedrez en la que pareces controlar el juego y todo se determina tras una buena jugada, cambiando el curso de las cosas…o como un “ALL IN” cuando creíste estarlo perdiendo todo.

Es cobarde, rencorosa, insistente y maleducada. Se jacta de la injusticia, saciándose de la verdad.

La decepción no tiene salvavidas es como una mecha que una vez encendida parece no tener retorno . La decepción hace ruido y deja pisadas en los charcos de la ilusión que un día llenaron tu corazón hasta hacerte perder la cuenta…

La decepción no se mantiene a flote si no que naufraga, y no necesita que la alimente porque ya ella se encarga de hacerlo por si mima. Huele a metal oxidado, sabe a tierra mojada y se clava en tu piel, como las astillas de los barcos hundidos  que un día naufragaron no muy lejos de la orilla…pero la decepción tienen mucho que ver con el nudo de la garganta del miedo, con la felicidad que corta el hielo, con el pozo de los recuerdos y existe porque un día estuvimos ilusionados y confiamos de tal forma que nos lanzamos al abismo sin contemplar las consecuencias.

Pero además de la decepción como sentimiento, existen las personas que nos decepcionan, que eligen y que de repente deciden que ya no formamos parte de sus planes, que estamos fuera de sus vidas. Personas que en vez de crear recuerdos a nuestro lado nos rompen el alma con justificaciones absurdas que jamás llegaremos a entender, caprichos que nos roban la paz y que nos hacen sentirnos derrotados justo antes de haber alzado la espada…y que nos hacen sentirnos vulnerables y reservados  cuando nos sentamos frente a frente.

A veces la decepción existe para que alguien le dé sentido a todo, para que te establezca dentro de sus prioridades, para que te defienda a capa y espada a pesar de no estar en el Medievo. Algunas veces la decepción te ayuda a creer, a tener fuerza, pesa tus esfuerzos y cataloga tus limitaciones, te hace fuerte y la satisfacción que te proporciona se parece a esas mañanas en las que amaneces con lágrimas secas en los ojos y te das cuenta de que todo se restituye, de que todo se restablece y de que no hay nada justo que no siga adelante.

Para ti este trocito de mí vida, si te sientes identificado, si estos sentimientos de los que hablo te limitan o te roban momentos hermosos y decides hacerme hueco puedes ponerte en contacto conmigo.

TLF: 693607130

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