Un café a medias…

Estándar

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Como un café a medias, dulce y amargo a la vez…

Como una despedida con abrazo,

como una prueba con consecuencia.

Como una apuesta que está destinada al fracaso y que aun así contemplas continuamente cambiar su rumbo…

Como el rímel, agresivo, provocador, suave e  intenso a la misma vez … cercano…

Como cuando cierras los ojos, respiras y duele, llena de primeras veces con sabor a segundas…

Instantes compartidos llenos de trenes con miedo, de paradas en las que no sabes si retroceder, parar o seguir adelante…así es la felicidad…

Se parece a los besos que no se dan, a las promesas que no se escuchan por miedo, a los paseos de la mano sin intención y a las respuestas que da a quien no se le pregunta.

A base de pequeños instantes sin reloj, sin tregua, con música que no se recuerda, con canciones que no se bailan…apuestas sin nombre, dados sin números, avenidas con nombre de poeta…instantes que se atrapan o que se dejan correr con sabor dulce que huele a recuerdo…horas sin tiempo, sentimientos sin palabras…palabras que no se dicen, cosas que se dicen sin palabras…

Como una verdadera señorita  con armadura (¿Desde cuándo sólo los caballeros pueden llevarla?), en la que debes sopesar las consecuencias…si continuar la batalla o quizás dejarte ir…

La felicidad es una decisión, una decisión acertada que te conduce a través del camino de la esperanza, una decisión que te hace elegir con los ojos del corazón, que en la mayoría de las ocasiones te obliga a ponerle nombre, aunque no se debiese a cosas que quizás ni existan…la felicidad es un estilo de vida lleno de equilibrio. Se puede ser feliz y llorar por miedo a la vez, se puede ser feliz y sentirse defraudada al mismo tiempo…por lo tanto si se puede ser feliz de forma constante, y aquellos que dicen que no es que nunca han conocido la felicidad realmente.

La felicidad se parece a las olas que chocan de forma desmesurada sobre las paredes de un castillo, intentando hablar de la injusticia, pidiéndote un alto en el camino quizás con la intención de un beso…la felicidad es una llave, una carta sin destinatario, una llamada sin número…un paquete de azúcar con “te echo de menos”.

La felicidad es amarilla, como el sol en verano, como las luces de las fiestas…como los recuerdos que guardamos en una cajita y cerramos fuerte…¡Cómo si esos no estuviesen en el corazón!….como si esos pudiesen escaparse…

La felicidad es una chapita con inicial, o un tatuaje sin firmar…la felicidad es un “dame otro abrazo” y a veces te obliga a conformarte porque no cabría en el universo.

La felicidad es saber disfrutar y no arrepentirte de las decisiones. La felicidad te obliga a permanecer constante y a desestabilizarte a la vez…así…la felicidad te hace sentirte vivo.

Justo eso es la felicidad.

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  1. Y a veces…cuando piensas que estás perdiendo fuerzas para seguir luchando día a día, cuando te sientes tan perdida que no sabes hacia que lado mirar o que dirección tomar, cuando tienes la sensación de que hagas lo que haga la vida te da la espalda, de pronto aparece la felicidad en forma de personitas que con tan sólo una mirada, un abrazo o un apretón de manos te recuerdan que la felicidad no se ha ido, sino que a veces solo hace falta abrir bien los ojos, buscarla delante de ti y aprender a disfrutar de ella!!

  2. Qué magnífica oda a la felicidad realista, a la de carne y hueso, no a la etérea ni cinematográfica que viaja por el limbo sin saberse definir a sí misma, sino a la que tiene nombre y apellidos y sabe dónde vive. A veces vive superfluamente agarrada a lo material, a veces se esconde tras un manto de autocomplacencia. La felicidad es nómada. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, la felicidad vive en las personas, ya sean familiares, amigos de toda la vida, parejas o personas que prácticamente acabas de conocer. Personas que pueden convertirte en una máquina del tiempo, haciendo que te cuestiones la medición exacta del mismo; a veces 20 minutos en conexión profunda con esa persona pueden ser similares a la eternidad descrita por las religiones y, sin embargo, te gustaría vivir mil eternidades más como esa todos los días. Personas sin caras ocultas, que no fingen, que no exageran maneras ni conductas, que no tienen nada que esconder. Personas con las que sin saber por qué, lo tienes claro desde el principio y no te equivocas, por las que merece la pena luchar sin rendirse, hasta el hastío, y aún así seguir, porque sabes sin miedo a equivocarte que la felicidad, aunque sea nómada, al final de cada uno de sus viajes descansa en ella.

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