El valor simbólico del trabajo

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El sentimiento de utilidad, es el componente social ,que hace que el hombre o la mujer sienta que sus aportaciones le hacen útil, con respecto al resto de individuos con los que comparte su existencia.

Nuestro sentimiento de utilidad, nos hace ser únicos e irrepetibles y realizar aportaciones en aquello en lo que destacamos por encima del resto.

Por nuestro sentimiento de utilidad nos esforzamos, crecemos, nos desarrollamos y terminamos siento mucho más libres, alcanzando por si solos una mayor independencia y autonomía.

Si este sentimiento no se desarrolla, retrasa o enlentece el resto de pasos evolutivos, crea inseguridad y desconfianza social, produce desajustes y una sociedad altamente vulnerable.

Dicho sentimiento no puede ser compensado  con bases económicas que no impliquen esfuerzo y crecimiento personal, ya que todo sentimiento de utilidad, va ligado a un esfuerzo de superación… os hablo del trabajo. Oportunidad contenida dentro de los derechos y obligaciones del ciudadano, insustituible, que nos hace caer rendidos y finalizar completamente satisfechos una jornada. Puñado de oportunidades que se ajustan a nuestras exigencias en base a la demanda, en vez de mantenernos callados continuando una formación continua (valga la redundancia) que en vez de un reciclaje, se convierte en el apaciguamiento de un sentimiento de utilidad frustrado.

Sentimiento patológico en extremo, que no deja que nuestro andamiaje sea reflejo de lo que socialmente podemos ofrecer a otros, para terminar reforzándonos a nosotros mismos. Todos tenemos algo que a portar, somos seres que vivimos en sociedad por la necesidad innata de vivir en compañía, o proceso de socialización, como algunos supieron llamarlo en su momento.

Desde el principio , ya fuese de forma más o menos acertada o desacertada , todos cumplíamos una misión social, unos la caza, otro el cuidado de los hijos (malditos roles sociales que por no luchar todavía con más fuerza, nos mantiene aun en desventaja) pero que nos hacen tener algo que ofrecerle al otro y no andar errantes.

Trabajar no es una costumbre, un capricho o cabezonería, trabajar es un derecho que todos y cada uno de nosotros deberíamos de tener asegurado antes de que el hecho de no tener oportunidades llegase a destrozarnos por dentro.

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