¿Por qué no somos felices?

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tiempo

 

El tiempo es la emoción que le ponemos a cada instante vivido y no, la importancia de lo que hagamos para rellenar cada uno de esos momentos. Con quién compartamos ese instante o la necesidad de crear ese momento para poder compartirlo. Por eso es importante valorar su esencia, en vez de su utilidad o su trascendencia. Los mejores días no fueron , apuesto lo que sea, los de las celebraciones, o el éxito con el que se alcanzó celebrar ese día, si no los de los preparativos, las sonrisas, los abrazos y la compañía de quid nos hizo no sentirnos solos. Pero quizás valoremos más los días en función al cúmulo de cosas útiles finalizadas con éxito, o al menos útiles desde nuestra propia perspectiva o punto de vista particular. Punto de vista completamente erróneo, al menos para los que vivimos, en vez de esperar para poder vivir plenamente. Para los que luchamos por hacer cada vez más grandes los ratitos de confesiones en el sofá, o las postales a mano, los mensajes escritos con tu mejor letra en globos de colores o las notas pegadas siguiendo las técnicas más rudimentarias y eficaces, detrás de la puerta. Algunas veces (la mayor parte de ellas) somos poseedores eficaces de los mejores momentos, los recuerdos más hermosos, los mejores proyectos y la mejor compañía para llevarlos a cabo ¿Qué es lo que falla entonces?

PERMITIRNOS SER PERSONAS FELICES

Darnos a nosotros mismos la oportunidad de empezar de cero tantas y cuantas veces sea necesario, perdonando nuestra falta de amor por nosotros mismos y por quienes nos llenan de ilusión, fe y esperanza en el día a día. Valoramos lo que nos falta (siempre nos va a faltar algo) en vez de lo que tenemos y ciertamente de forma tan devastadora y egoísta que le robamos la energía, a quienes darían lo que fuese por vernos bien de una vez por todas. Nos consolamos al cobijo de “yo hago todo lo que puedo” cuando todo lo que podemos, se redice al esfuerzo constante de todos por poner amor donde falta tantas veces y donde la solución la ponen los que ponen el amor y las ganas. Necesitamos puntos de inflexión de la vida, para darle valor a lo que relente lo tiene, necesitamos las pérdidas para cesar en nuestro egoísmo y en nuestro afán por vivir a prisa, como si las cuentas que se nos rindiese se midiera en el total de tareas finalizadas, en vez del grado de satisfacción y felicidad que pusimos en todo lo que comenzamos.

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