¡Qué te atrevas!

superhéroe

 

¡Qué te atrevas!

A mí me gustaría decirte algo diferente a ¡qué te atrevas!  qué te arañe, qué te zamarree, qué te duela. Qué vuelvas loca a esa brújula que trajo predeterminado el norte o sur de las cosas, de tus cosas. Qué toques las manos frías, qué mires a los ojos que todavía no conoces del todo, qué tengas miedo.

A mí me gustaría decirte algo diferente a qué te atrevas. A qué deshagas los días y cosas las noches, a que te fijes más allá de los pespuntes, a qué los botones siempre sean de 4 agujeros aunque sean de adorno, y a qué el hilo que enhebres siempre sea lo suficientemente largo como para coser una a una tus cicatrices, o qué te las cosan, te advierto que yo lo haría sin reparo, exposición vulnerable aunque duela.

A mí me gustaría escribirte algo diferente a qué te atrevas. Qué pases frío en verano y calor en invierno, qué te atrevas a invertir la lógica y nuestras probabilidades,  lo supuesto, lo esperable, lo correcto, lo oportuno, lo metódico. Yo te quiero así desorganizado, patas arriba, convulso, sin excepción, excluyente, lleno de respuestas sin saber cómo hacer con las preguntas. Con o sin chaqueta, siempre descalzo y dispuesto con o sin 3 lunas nuevas menguantes seguidas.

A mí me gustaría decirte algo diferente a qué te atrevas. Qué minimices las consecuencias y maximices los esfuerzos. Qué me dejes hacerte temblar de miedo, de odio, de ganas o de ganas, de odio y de miedo. Intransigente,  con sin estallido de la tierra, ya estén las puertas cerradas o tengamos que abrirlas.

Qué lo intentes, qué pruebes, que la felicidad no es la ausencia del miedo, sino ese miedo de la mano saltándose contigo las fronteras, mis fronteras, tus fronteras. Que no, que esta no es una historia de amor, ni de odio, ni de carceleros, que esta historia es la vida de quienes se atreven, de a quienes la vida les corre prisa, de los que no abandonan, de los que curiosamente más circunstancias tienen, más contras y menos pros, con o sin rasca premiado, con velas quemadas de deseos y con confianza, de noches largas de yo te llevaría a conocer donde Marte de junta con el resto de estrellas.

Exhausto, como después de gritar bajo la nieve que esperas, como ese llorar dándolo todo de calma, cuando las cosas siguen en su sitio, como ese rozarte sin que te des cuenta o dándotela. Cuando tú haces lo mismo. Eso es la vida y ¿recuerdas? Mientras tanto el miedo visible, reconocido, nítido de la mano. Y la vida plena, apaciguada, con tesón y a bocanadas como si te faltase, como si nunca la tuvieses prevista, como si le debieses la oportunidad de recibirla.

No esperes para ese café con el sol en la cara (aunque te salgan pecas). Invítalo aunque estés esperando lo contrario y no proceda. Las flores nunca fueron la mejor escusa (ella es más de superhéroes). Si le regalas un atardecer procura que no sea del todo rosa (siempre le dio mucha más importancia a todo lo que se viste de amarillo) y recuerda que tus mecanismos de persuasión siempre serán ineficaces o al menos que jugarán a la inversa cuando intentes convencerla. Como la vida, como los sueños, como cuando dejas de esperar y simplemente vas a por ello.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: