Porque este jardín es mío

En un mundo marcado, en un mundo ensordecedor por el vacio que dejan las relaciones. En un mundo lleno de toxicidad, en la que no queremos de forma libre y autorrealizable sino con posesión y exigencia. En un mundo en el que si no nos atrevemos coartamos al otro en vez de impulsarlo. En un mundo sin flores y con miedo están quienes han escogido apostarlo todo, detenerse y marcharse para regresar de nuevo.

 

via

 

Desprovista y con pocas ganas o ninguna a sufrir riesgos innecesarios, como  una tarde de lluvia recíproca, de esas que no son tristes, con olor a estoy en casa con sentido y sentimiento, valor y conciencia de vamos a enredarnos un poco la vida por si ya no teníamos bastante.

En proceso de reconstrucción con las murallas a medias después de muchas envestidas. Con propósitos desacertados, sin freno y en quinta. Helado, el suelo, mi vida, tus ganas, mis miedos. Coraje, valor, rabia a que me busques solo un poco y me encuentres de lleno. Nunca en calma. Apaciguada con esa paz interior que creíste haber cultivado en cualquier otra parte del mundo menos en esta y regando desde el primer día ese jardín imaginario que tanto quieren segarte, mientras tú lo defiendes sin titubeos, sin términos medios, sin mitades, ni medias tintas, porque ese jardín es mío, así que ahórrate tus fuerzas por robarme mis ganas impertérritas.  Quédate con tus miedos porque yo los míos empecé a plantarlos y recién están saliendo las flores, mis flores.

Con o sin horquillas, con o sin sirenas y da igual en qué dirección sople el viento si es que suena. Sin ganas de explicarte el por qué quiero quedarme, aunque solo un poco más.

Sin motivos, a mi manera, saliendo mucho antes. Sin sopesar, sin haber tenido la culpa, sin sabor a castigo, dejando que las ganas te ganen, sintiendo que el riesgo te empuja.

En trashumancia, con alguna que otra verdad por delante de esas que te ponen en tu sitio sin que nadie te pregunte. Sin haberlo elegido sin que el saberlo hubiese estado en tu mano. Con sabor a brevedad pero intenso como lo que se queda sin que le des permiso, como la sonrisa de alguien cuando te la tropiezas. Con sabor a vida, a camino difícil, a elegir las cosas.

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