Me pondre los guantes amarillos, por supuesto, y después iré a buscarte

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La llamada ” zona de confort ” es ese espacio de carácter psicológico y con dimensiones físicas. Es ese guerrero con hacha, escudo y guadaña que nos protege más allá de lo probable y de lo imposible. Es susceptible ante las diferentes oportunidades que la felicidad nos brinda, negándose al diálogo y a la argumentación. La llamada “zona de confort”, no mide más de lo que un sofá de un par de plazas y dos o tres cojines de colores y se siente completa cuando desdoblamos la mantita de lana. Y allí estamos nosotros, cómodos, calentitos, seguros y custodiado ” en nuestro espacio” con “nuestro guerrero”. “La zona de confort” es subconsciente y se forma a través de la experiencia y los prejuicios. Mecanismo natural obsoleto, que nos merma la capacidad de ser nosotros mismos y sobre todo de luchar por lo que realmente nos hace felices. Nos merma las ganas de “intentarlo”. “La zona de confort” se vale de sus propios recursos: “más vale pájaro en mano que ciento volando”, “mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer…” pero ¿ y si te pones los guantes amarillos y decides salir de tu zona de confort? y ahora te hago otra pregunta ¿ si de aquí a un tiempo atrás las herramientas que has utilizado, los planteamientos que has puesto en marcha , la actitud que has tomado o la forma de afrontar los acontecimientos no te han funcionado….?si te ha pasado todo esto ¿por qué no cambias la forma de hacer las cosas? ¿Por qué no? por probabilidad si has fracasado en el intento la mayoría de las veces, lo esperado es que vuelvas a hacerlo, pues ¡Cambia la forma! adopta una postura diferente o será que ¿realmente tienes miedo a que ese cambio tan esperado se produzca? Si pueden quererte un 100% ¿ Por qué te conformas con un 50%? Y si discutir y quejarte no te ha servido de nada y sigues haciéndolo quizás sea el momento de hacerte una pregunta de forma sincera ¿realmente quiero que esto cambie o realmente me siento a gusto en esta situación? porque quizás lo que suceda es que a pesar de las quejas, de las críticas y de preguntas retóricas e incontestables cómo ¿Tú ves esto lógico, normal y coherente? o ¡Yo lo siento mucho pero no aguanto más!  a pesar de todo eso, lo que suceda sea, que cuando estemos solos en vez de volver a intentarlo lo que hagamos sea volver a nuestro sofá , para volver a ponernos cómodos.

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Cuento de otoño

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otoño

Conocí a una chica, con los ojos más oscuros que de costumbre y solitaria, o más bien eso me pareció al principio. Le di tiempo y descubrí que jamás nunca existió nadie con el alma tan llena. Y me quede a su lado. Hablamos del amor, de la muerte y del paso del tiempo. Hablamos de los milagros y de algún que otro sueño. Y no nos importó las veces que hablamos sobre ello. No nos importó cómo de tarde era o el tiempo que pasamos hablando de lo mismo. Esa era su versión, la mejor versión de si misma.

Amaba el otoño, escribir cuando nadie la veía, la tormenta y pasear sola por la playa. Amaba los calcetines por encima de la rodilla, que los cafés durasen un poco más de costumbre , la tortilla un poco más pasada de la cuenta y la comida más bien salada. Ella amaba quedarse hasta tarde los domingos y salir a bailar sin música. Odiaba el término medio, las decisiones lógicas, ir a favor de la corriente o seguir el compás de la música. Intransigente, irracional, ilógica, desconfiada, fugaz, constante y enamorada. Obsesionada con los momentos únicos e irremplazables, que habían no hace mucho empezado a ser la gran mayoría.

No soportaba las peleas largas, la falta de explicaciones o la intransigencia por salir del paso, cuando le habían arañado el alma un poco más que de costumbre. Odiaba la gente práctica, que no soñaba, las obligaciones, las rutinas sin ilusión y el no estar esperando continuamente a que algo maravilloso pasase casi sin esperarlo. Odiaba el fracaso, y que no se reconociera el esfuerzo cuando en el había depositado toda la ilusión que pudiera ponerse. Odiaba el tiempo perdido, las noches en las que no se daban explicaciones y derramar más lagrimas que las necesarias por falta de amor.

Y ella me enseñó a soñar con lo impredecible, lo desesperado, lo desacertado y con lo insuperable.Ella me enseñó a soñar hasta tarde. Ella me enseñó a no llevar a apuntado en la libreta de lo adecuado, esperado o predecible  todo lo que me importa. Ella me enseñó a saltarme las normas, y a permitirme el lujo de vivir necesitando lo que cabe en un bolsillo, o en una bocanada de aire. Porque el encontrar a alguien diferente te hace permitirte el lujo de descubrirlo poco a poco, aunque eso sea un riesgo a correr desde el primer momento y una decisión susceptible de abandono si no estás dispuesto a aceptar el ritmo y las condiciones. 

 

La ayuda no siempre es necesaria, en el último momento o al final de un largo proceso. Algunas veces lo único que necesitamos para poder dar lo mejor de nosotros mismos es una segunda opinión, un cambio de perspectiva o un consejo acerca de cómo hacer las cosas de forma diferente como hasta ahora. YO PUEDO AYUDARTE: 693607130.

“Mira dentro”

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Helados que lideran las batallas más intensas. Conciertos que cobijan el tenerte cerca. Sentir que cierro los ojos y pierdo la noción, de si me llevas hacía atrás o mejor ¿Por qué no? seguimos adelante. Como si cerrar los ojos me permitiese vetar la conciencia, la misma que no quise perder, poco después de que tú, decidieses sin consultarme venir a romperme algún que otro esquema vital, de funcionamiento y puesta en marcha estable y coordinada. Yo anhelante de cambios políticos, que nos diesen la oportunidad de alzarnos en nuestros sueños, o a la espera de cambios sociales determinantes, puntos de inflexión vitales,viajes majestuosos, o de algún otro cambio de tipo neuronal/comportamental y de repente llegas tú, a caballo entre el todo y la nada, dispuesto a derrumbar más muchos que pocos, de los pocos principios de los que en algún que otro paseo por la playa, redacté en voz alta.

Esperamos a que sucedan cosas significativas, cosas que hagan ruido, que tengan colores, que brillen, cosas que hagan eco , palpables, pero no….las cosas significativas cabalgan en silencio, porque tienen las herraduras desgastadas por su lucha incesante en el campo de batalla, huelen a perfume indeterminable distinguible apuesto sin nombre, pero sí a base de algún que otro recuerdo, te arañan el alma, te acarician la espalda y depende de la ocasión, te deja en el portal de tu casa y no en la puerta de atrás y mientras tanto nosotros seguimos empeñados en hacer lo correcto, lo esperable, o lo que es peor “lo que esperamos” sin darnos cuenta de que la vida es justo eso….ese “mientras tanto”.

Quizás, ser valiente tan solo sea cambiarnos de camiseta y permitir que nos quiten “la cadena”. Que corran tras de nosotros cuando saben que no vamos a abrir la puerta, porque estaban dentro mucho antes quizás de haber llegado y porque si de algo vamos a arrepentirnos que sea de no haber caminado más lento, de no haber buscado más estrellas o de no haberle dado al botón del “pause” en medio del concierto.

“NUTS”

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Las oportunidades son inconscientes, desacertadas, imprevistas, indeterminadas, desconcertantes y traicioneras, al fin y al cabo pueden permitírselo son eso, oportunidades. Se nutren de la esperanza, se visten de la ilusión, huyen del compromiso y en caso de existir manual al respecto , seguramente estará en ruso antiguo, lo que equivale a “no te emociones esto hay que vivirlo”. No pueden formatearse, no tienen reseteo, no te dan tiempo a pintarte los labios de rojo y mucho menos, a que te planches la camisa antes de salir corriendo, como si se acabase el mundo en tu último suspiro. Las buenas oportunidades te obligan a olvidarte de las constantes vitales más primitivas (respirar, parpadear y tragar saliva) y que no se te salga el corazón por la boca, se convierte en tu principal prioridad (esa y empezar a aprender ruso antiguo por si acaso, nunca se sabe). Pero tu decides, tu decides si darte un par de vueltas en los pantalones por si te manchas de barro, que será lo más probable o si por el contrario prefieres recorrer esas oportunidades en el Lockheed SR-71  (Velocidad oficial: 3.529 kilómetros por hora), con, por supuesto, todo lo que ello implica;  desde los aviones las flores y las nubes no huelen, el brillito de la marea cuando está bajita no se percibe (si optas por ir paseando ya tienes los pantalones doblados) y las pelis de miedo dejan de ser lo mismo (lo que realmente marca el valor de una  buena peli de miedo es a la velocidad que cruzas el pasillo de tu casa hasta llegar al baño, más el número de puertas que abres y cierras dividido entre el número de luces que apagas y enciendes) Tu decides, al fin y al cabo es cuestión de actitud. tu de¡cides si te quedas con una “Pareja” o prefieres una “Escalera Real” al fin y al cabo, todo depende, si desde el principio apostaste lo justo para que no te arañasen el alma o preferiste darlo todo. Recuerda que las verdaderas oportunidades no son más que decidir si paseamos, dejarte querer, seguir soñando, dar un abrazo, cenar juntos, caminar lento, amar lento, vivir lento…recuerda que las verdaderas oportunidades no son algo más que una bolsa llena de chucherías, un día nublado o un par de manos al dominó.

Tomar decisiones acertadas

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Pensamos que los sueños son esa “pequeña parte de nosotros mismos” que debemos doblegar, a esa otra parte de nosotros mismos, llamada “razón”.

Consideramos que los sueños son irracionales, impulsivos, indeterminados y caprichosos y a su vez la razón, quién nos hace poner los pies en la tierra, tomar decisiones acertadas, no actuar en caliente (esto no siempre es negativo) y elegir la opción correcta, cuando tenemos que elegir y esa elección implica riesgo en cierto modo.

Lo cierto, es que está demostrado que son las decisiones “por instinto” las que nos garantizan en la mayor parte de las ocasiones, el éxito (desde hace mucho, fueron las encargadas de garantizarnos la supervivencia y aquí estamos). Dichas decisiones están impregnadas por un fuerte componente emocional, que nos arrastra, nos envuelve y que nos permite ser capaces, de decidir desde el minuto uno, en vez de terminar analizando en exceso las situaciones, lo que nos lleva a terminar eligiendo “lo que debemos” en vez de lo que “queremos” ,no dejándonos ser nosotros mismos o felices en última estancia. Y es que las decisiones correctas, no siempre son las que menos daño hacen, las más sencillas, las que menos polvo levantan o las que menos tiempo cuestan. A veces las decisiones correctas no son las que más argumentos a favor tienen y mucho menos las que van a favor de la corriente o de lo que piensa la mayoría y mucho menos lo esperado por todos.

Las decisiones correctas algunas veces implican decepción, de quienes en su momento, no fueron capaces de ser lo suficientemente valientes, por al menos, luchar por sus sueños. las decisiones acertadas implican rechazado y la exigencia constante, de buscar argumentos por parte, de quienes les gustaría estar convencidos de la misma forma que tú, para dar el primer paso.

La decisiones correctas hacen que el corazón tiemble y a su vez te hace plantearte todo lo planteable para que lo que aparezca sea “tu esencia” y no lo que los demás han hecho de tí en base a lo esperado. Las decisiones acertadas, implican tomar planteamientos desacertados, arrancar muchas páginas en blanco, hacer apuestas antes de ver tus propias cartas y sobre todo creer, creer en que lo que vale la pena es lo que sientes.

Existen infinidad de variables extrañas (por llamarlas de algún modo), para ponernos las cosas excesivamente difíciles, concedámosnos la oportunidad de ser felices en una sociedad que hasta entonces “ser felices” no se nos ha permitido, por el miedo al propio miedo. Seamos arriesgados que ya “nuestras variables extrañas” por si solas y sin pedir permiso, se encargan de ponernos los pies en la tierra  y de nada nos sirve ir por delante de ellas con los pies en la tierra “por si acaso”. Por que quizás lo bueno que nos regala la vida sea eso que pasa, mientras “andamos esperando” a que lo malo llegue.

Esa maldita enfermedad a la que llamamos prisa…esa maldito remedio al que llamamos tiempo…

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Preparamos de forma minuciosa el viaje de nuestra vida. Los documentos en regla, DNI y/o pasaporte y quizás los más previsores, hagamos listas de esas que no se escriben, pero de las que cada noche repasamos antes, de cederle parte de nuestra voluntad al sueño. Calculamos los gastos, comparamos de forma casi compulsiva y elegimos la compañía justa y necesaria para compartir cada acontecimiento. No vale cualquier compañía, entonces los amaneceres no simbolizarían el comienzo de  segundas oportunidades y no estaríamos dispuestos a asumir riesgos demasiado duraderos para el alma y de gestión improcedente. ¿Y los preparativos? ¿Los días previos? ¿La cuenta atrás? Hoy ir a comprar los calcetines de colores, mañana chucherías por si el camino se hace largo y la maleta entreabierta, invitándote a cambiar las cosas de sitio una y mil veces si fuese necesario. De esta forma los viajes no duran cinco días o una semana, si no un mes o incluso dos, dependiendo del día que sacas la maleta y decides ponerla en un sitio que no estorbe demasiado, pero si lo suficiente para recordarte, al menos un par de veces al día, que estás ilusionado y que lo que te mantiene ilusionado no es un día en concreto, si no la espera a la que mantienen sometida a tu ilusión, esa a la que retas a medida que van pasando los días.

Preparamos de forma minuciosa las pruebas importantes. Nos compramos el escritorio más cómodo de la tienda y una silla que nos permita pasar el mayor número de horas posible preparándonos para el gran momento. Ordenamos los apuntes, los pasamos a limpio tres o cuatro veces, de todos los colores que la gama cromática permita. Repetimos los ejercicios de forma minuciosa, y los días previos al examen acudimos a clase de forma compulsiva con la esperanza de hacer todo lo que nuestro alcance nos concede. Pero… ¿Y la gente que conocemos en clase? ¿Esas personas que arrastramos a nuestro frenético paso, los que simbolizan puntos de inflexión de flexión no duradera ni determinante? Las hamburguesas entre confesiones a las dos de la mañana. Los riesgos que te invitan a dar un paso adelante, cuando invitar implica correr el riesgo de que las cosas cambien demasiado o al menos lo suficiente para volver a ser feliz de nuevo.

Porque lo que con el tiempo se recuerdan, no son las fiestas si no que esa noche llamamos al timbre  en un descuido. Porque después del tiempo lo que recuerdas, no fue dónde fuimos si no que las naves espaciales nos adujeron y pasamos las tres horas de camino muertas de risa. Porque con el paso del tiempo lo que recuerdas, no es que al siguiente, día estabas demasiado cansada si no de que era el helado o si la marea estaba baja o alta. Los besos que no se dan se pierden, y los momentos que no vives intensamente, son las oportunidades que le robas al alma de ser un poquito más feliz durante más tiempo

Y es que la vida es esa preparación que se sucede,  mientras andamos absortos en esperar a que el gran día llegue.

¿De qué tipo de acero está hecha el alma?

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Como el acero que forja el alma…deteriorado y en desuso. Con las ilusiones enfangadas, en el pantano del ahora no puedo, replegadas a la voz  de la conciencia sorda que nunca suena. Con la esperanza rasgada y con la necesitada de la concesión de un par de vidas más a parte de esta. Los amaneceres rotos, la claridad que empaña el alma, la rutina, el diario a base del tiempo repleto de las cosas sin sentido…apacible, irritante, lisonjera…como cuando llueve tras la ventana y parece que te mojas pero no lo haces, los desayunos en la cama o los abrazos que no vienen al cuento. Porque todo se puede y si no se puede lo que faltan las ganas y no los recursos. Porque el mundo, se hizo redondo para encontrarnos, por si al marchar despavoridos, finalmente sentíamos la necesidad de retomar las cosas, justo  donde cobardemente habían comenzado y las enterramos entre barro y ceniza, no fuese que al volver no pudiésemos desenterrarlas con las manos. Si valorásemos todo, quizás pasearíamos más lento, cantaríamos más lento, sonreiríamos más lento, besaríamos más lento. Nos sentiríamos más vulnerable, pediríamos ayuda con mucha más frecuencia y los momentos serían únicos, memorables, irrebatibles, absolutos y nunca quedaríamos saciados. No existiría el reclamo, la desgana, la desidia, la desdicha y el miedo sería una herramienta útil y completamente válida, justo en un mundo en el que en vez de eso, se convierte  en el dueño de todos los desfallecimientos de nuestra esperanza, de todos los intentos que no fueron y que deberían haber sido, de la falta de ganas, del miedo al hacer mal las cosas o del confort que supone dejar las cosas como están, en vez de arriesgarse por ser realmente feliz con lo que se sueña.

¿Por qué no somos felices?

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El tiempo es la emoción que le ponemos a cada instante vivido y no, la importancia de lo que hagamos para rellenar cada uno de esos momentos. Con quién compartamos ese instante o la necesidad de crear ese momento para poder compartirlo. Por eso es importante valorar su esencia, en vez de su utilidad o su trascendencia. Los mejores días no fueron , apuesto lo que sea, los de las celebraciones, o el éxito con el que se alcanzó celebrar ese día, si no los de los preparativos, las sonrisas, los abrazos y la compañía de quid nos hizo no sentirnos solos. Pero quizás valoremos más los días en función al cúmulo de cosas útiles finalizadas con éxito, o al menos útiles desde nuestra propia perspectiva o punto de vista particular. Punto de vista completamente erróneo, al menos para los que vivimos, en vez de esperar para poder vivir plenamente. Para los que luchamos por hacer cada vez más grandes los ratitos de confesiones en el sofá, o las postales a mano, los mensajes escritos con tu mejor letra en globos de colores o las notas pegadas siguiendo las técnicas más rudimentarias y eficaces, detrás de la puerta. Algunas veces (la mayor parte de ellas) somos poseedores eficaces de los mejores momentos, los recuerdos más hermosos, los mejores proyectos y la mejor compañía para llevarlos a cabo ¿Qué es lo que falla entonces?

PERMITIRNOS SER PERSONAS FELICES

Darnos a nosotros mismos la oportunidad de empezar de cero tantas y cuantas veces sea necesario, perdonando nuestra falta de amor por nosotros mismos y por quienes nos llenan de ilusión, fe y esperanza en el día a día. Valoramos lo que nos falta (siempre nos va a faltar algo) en vez de lo que tenemos y ciertamente de forma tan devastadora y egoísta que le robamos la energía, a quienes darían lo que fuese por vernos bien de una vez por todas. Nos consolamos al cobijo de “yo hago todo lo que puedo” cuando todo lo que podemos, se redice al esfuerzo constante de todos por poner amor donde falta tantas veces y donde la solución la ponen los que ponen el amor y las ganas. Necesitamos puntos de inflexión de la vida, para darle valor a lo que relente lo tiene, necesitamos las pérdidas para cesar en nuestro egoísmo y en nuestro afán por vivir a prisa, como si las cuentas que se nos rindiese se midiera en el total de tareas finalizadas, en vez del grado de satisfacción y felicidad que pusimos en todo lo que comenzamos.

“Decisiones remedio”

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Las “decisiones remedio”, huelen a agua salada. Te acarician el alma con la punta de los dedos. Te hacen cosquillas en los pies y saben a helado de chocolate blanco.
Las “decisiones remedio” son decisiones desacertadas, imprevistas, antes las cuales no valoras los recursos y mucho menos la posibilidad de fracaso o de que cada una de las alternativas posibles, lleguen a ser lo realmente efectivas,probables, adecuadas…oportunas.
Estas decisiones llegan en momentos de pánico y casi nadie puede entenderlas.
Estas decisiones son de color celeste y adoptan la forma de culturas diferentes, por eso quizás estas decisiones resulten tan embaucadoras.
A destiempo, con sueño y a pesar del desánimo sin pedirte permiso, te hacen superarte a cada paso. Te hacen tenaz, diligente y te ayudan a cerrar etapas que te gustaría que no volviesen, a la misma vez que das gracias por ellas (porque sin ellas nada de esto habría sido posible).
Las “decisiones remedio” te hacen sentirte satisfecha, poner más empeño aún en las cosas y sentir con orgullo, que fuiste capaz desde el principio, aún cuando no podías creerlo.
Los resultados de las “decisiones remedio” llegan en los momentos más apasionantes y enriquecedores de tu vida, que son esos momentos en los que estás realmente desarmada y con el corazón al descubierto, planteándote otro millón de decisiones (no “remedio” ya que ahora no se consideran un recurso necesario ) que te hacen de nuevo, y a la vez, altamente vulnerables.
Estas decisiones te enseñan el valor de cada paso y de la entrega y te reconfortan con las palabras de quienes te ayudaron a permanecer en pie a pesar de todo.

13rd february

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El otro día comencé una conversación, que no supe acabar o argumentar como así lo hubiese merecido. Y es que si no hubiese sido por ella, el barro de los tobillos sería a veces aún más fuerte. Sin más demora, mi explicación al respecto, con el deseo de robarle a tu corazón el aliento en un suspiro, que te valga para vivir con ilusión, más aún si cabe, de ahora en adelante.

 

La mayoría de las necesidades son subjetivas, transitorias, inestables, caprichosas, optimistas. Al igual que lo son los días especiales, los meses impares o los años bisiestos. La ilusión no se pinta de rojo , no aguarda los mejores momentos y se llena de recuerdos incómodos. La ilusión es lo que hace que cada uno de nosotros destaquemos del resto. Y no es lo mismo esperar, que esperar con ilusión. Al igual que no es lo mismo dar un abrazo, que dar un abrazo con ilusión. Y tener ilusión no nos hace menos fuertes, más cobardes o en cierto modo vulnerables. Tener ilusión nos hace ciertamente merecedores de rozar nuestros sueños.

La ilusión es esa apuesta en la que nadie cree o esa carta justo antes de haberse decidido a abandonar, ese número tres en los dados…esa partida de dominó por terminar tantas veces, las cartas que no llegaron, o las cosas que no dijimos porque justo eso fue lo que nos faltó y no tuvimos…ilusión.

La ilusión no se parece a la lotería, la lotería es probabilidad, (apuesto desde un punto de vista puramente personal improbable), tiene que ver con los desafíos, con el riesgo y con las ganas.

Vivir algo con ilusión de garantiza de antemano el éxito probable del acontecimiento en si aguardado.

La ilusión juega con las variables extrañas dejándolas en manos de quien cree, muy parecida a la Fe o a la Esperanza. Contraria al olvido, la tristeza, la añoranza, la desilusión o al desánimo.

La ilusión te ayuda a crecer por dentro, sin que se note, a sonreír cuando no hay motivos y a buscar motivos cuando nadie te da razones.

Altiva, temerosa, orgullosa, optimista, con encanto, insensata, fugaz…eso es a lo que yo llamo ilusión mientras el tiempo pasa y junto a él las cosas irremplazablemente provocadoras.