Tomar decisiones acertadas

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Pensamos que los sueños son esa “pequeña parte de nosotros mismos” que debemos doblegar, a esa otra parte de nosotros mismos, llamada “razón”.

Consideramos que los sueños son irracionales, impulsivos, indeterminados y caprichosos y a su vez la razón, quién nos hace poner los pies en la tierra, tomar decisiones acertadas, no actuar en caliente (esto no siempre es negativo) y elegir la opción correcta, cuando tenemos que elegir y esa elección implica riesgo en cierto modo.

Lo cierto, es que está demostrado que son las decisiones “por instinto” las que nos garantizan en la mayor parte de las ocasiones, el éxito (desde hace mucho, fueron las encargadas de garantizarnos la supervivencia y aquí estamos). Dichas decisiones están impregnadas por un fuerte componente emocional, que nos arrastra, nos envuelve y que nos permite ser capaces, de decidir desde el minuto uno, en vez de terminar analizando en exceso las situaciones, lo que nos lleva a terminar eligiendo “lo que debemos” en vez de lo que “queremos” ,no dejándonos ser nosotros mismos o felices en última estancia. Y es que las decisiones correctas, no siempre son las que menos daño hacen, las más sencillas, las que menos polvo levantan o las que menos tiempo cuestan. A veces las decisiones correctas no son las que más argumentos a favor tienen y mucho menos las que van a favor de la corriente o de lo que piensa la mayoría y mucho menos lo esperado por todos.

Las decisiones correctas algunas veces implican decepción, de quienes en su momento, no fueron capaces de ser lo suficientemente valientes, por al menos, luchar por sus sueños. las decisiones acertadas implican rechazado y la exigencia constante, de buscar argumentos por parte, de quienes les gustaría estar convencidos de la misma forma que tú, para dar el primer paso.

La decisiones correctas hacen que el corazón tiemble y a su vez te hace plantearte todo lo planteable para que lo que aparezca sea “tu esencia” y no lo que los demás han hecho de tí en base a lo esperado. Las decisiones acertadas, implican tomar planteamientos desacertados, arrancar muchas páginas en blanco, hacer apuestas antes de ver tus propias cartas y sobre todo creer, creer en que lo que vale la pena es lo que sientes.

Existen infinidad de variables extrañas (por llamarlas de algún modo), para ponernos las cosas excesivamente difíciles, concedámosnos la oportunidad de ser felices en una sociedad que hasta entonces “ser felices” no se nos ha permitido, por el miedo al propio miedo. Seamos arriesgados que ya “nuestras variables extrañas” por si solas y sin pedir permiso, se encargan de ponernos los pies en la tierra  y de nada nos sirve ir por delante de ellas con los pies en la tierra “por si acaso”. Por que quizás lo bueno que nos regala la vida sea eso que pasa, mientras “andamos esperando” a que lo malo llegue.

Esa maldita enfermedad a la que llamamos prisa…esa maldito remedio al que llamamos tiempo…

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Preparamos de forma minuciosa el viaje de nuestra vida. Los documentos en regla, DNI y/o pasaporte y quizás los más previsores, hagamos listas de esas que no se escriben, pero de las que cada noche repasamos antes, de cederle parte de nuestra voluntad al sueño. Calculamos los gastos, comparamos de forma casi compulsiva y elegimos la compañía justa y necesaria para compartir cada acontecimiento. No vale cualquier compañía, entonces los amaneceres no simbolizarían el comienzo de  segundas oportunidades y no estaríamos dispuestos a asumir riesgos demasiado duraderos para el alma y de gestión improcedente. ¿Y los preparativos? ¿Los días previos? ¿La cuenta atrás? Hoy ir a comprar los calcetines de colores, mañana chucherías por si el camino se hace largo y la maleta entreabierta, invitándote a cambiar las cosas de sitio una y mil veces si fuese necesario. De esta forma los viajes no duran cinco días o una semana, si no un mes o incluso dos, dependiendo del día que sacas la maleta y decides ponerla en un sitio que no estorbe demasiado, pero si lo suficiente para recordarte, al menos un par de veces al día, que estás ilusionado y que lo que te mantiene ilusionado no es un día en concreto, si no la espera a la que mantienen sometida a tu ilusión, esa a la que retas a medida que van pasando los días.

Preparamos de forma minuciosa las pruebas importantes. Nos compramos el escritorio más cómodo de la tienda y una silla que nos permita pasar el mayor número de horas posible preparándonos para el gran momento. Ordenamos los apuntes, los pasamos a limpio tres o cuatro veces, de todos los colores que la gama cromática permita. Repetimos los ejercicios de forma minuciosa, y los días previos al examen acudimos a clase de forma compulsiva con la esperanza de hacer todo lo que nuestro alcance nos concede. Pero… ¿Y la gente que conocemos en clase? ¿Esas personas que arrastramos a nuestro frenético paso, los que simbolizan puntos de inflexión de flexión no duradera ni determinante? Las hamburguesas entre confesiones a las dos de la mañana. Los riesgos que te invitan a dar un paso adelante, cuando invitar implica correr el riesgo de que las cosas cambien demasiado o al menos lo suficiente para volver a ser feliz de nuevo.

Porque lo que con el tiempo se recuerdan, no son las fiestas si no que esa noche llamamos al timbre  en un descuido. Porque después del tiempo lo que recuerdas, no fue dónde fuimos si no que las naves espaciales nos adujeron y pasamos las tres horas de camino muertas de risa. Porque con el paso del tiempo lo que recuerdas, no es que al siguiente, día estabas demasiado cansada si no de que era el helado o si la marea estaba baja o alta. Los besos que no se dan se pierden, y los momentos que no vives intensamente, son las oportunidades que le robas al alma de ser un poquito más feliz durante más tiempo

Y es que la vida es esa preparación que se sucede,  mientras andamos absortos en esperar a que el gran día llegue.

¿De qué tipo de acero está hecha el alma?

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Como el acero que forja el alma…deteriorado y en desuso. Con las ilusiones enfangadas, en el pantano del ahora no puedo, replegadas a la voz  de la conciencia sorda que nunca suena. Con la esperanza rasgada y con la necesitada de la concesión de un par de vidas más a parte de esta. Los amaneceres rotos, la claridad que empaña el alma, la rutina, el diario a base del tiempo repleto de las cosas sin sentido…apacible, irritante, lisonjera…como cuando llueve tras la ventana y parece que te mojas pero no lo haces, los desayunos en la cama o los abrazos que no vienen al cuento. Porque todo se puede y si no se puede lo que faltan las ganas y no los recursos. Porque el mundo, se hizo redondo para encontrarnos, por si al marchar despavoridos, finalmente sentíamos la necesidad de retomar las cosas, justo  donde cobardemente habían comenzado y las enterramos entre barro y ceniza, no fuese que al volver no pudiésemos desenterrarlas con las manos. Si valorásemos todo, quizás pasearíamos más lento, cantaríamos más lento, sonreiríamos más lento, besaríamos más lento. Nos sentiríamos más vulnerable, pediríamos ayuda con mucha más frecuencia y los momentos serían únicos, memorables, irrebatibles, absolutos y nunca quedaríamos saciados. No existiría el reclamo, la desgana, la desidia, la desdicha y el miedo sería una herramienta útil y completamente válida, justo en un mundo en el que en vez de eso, se convierte  en el dueño de todos los desfallecimientos de nuestra esperanza, de todos los intentos que no fueron y que deberían haber sido, de la falta de ganas, del miedo al hacer mal las cosas o del confort que supone dejar las cosas como están, en vez de arriesgarse por ser realmente feliz con lo que se sueña.

¿Por qué nos somos felices?

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El tiempo es la emoción que le ponemos a cada instante vivido y no, la importancia de lo que hagamos para rellenar cada uno de esos momentos. Con quién compartamos ese instante o la necesidad de crear ese momento para poder compartirlo. Por eso es importante valorar su esencia, en vez de su utilidad o su trascendencia. Los mejores días no fueron , apuesto lo que sea, los de las celebraciones, o el éxito con el que se alcanzó celebrar ese día, si no los de los preparativos, las sonrisas, los abrazos y la compañía de quid nos hizo no sentirnos solos. Pero quizás valoremos más los días en función al cúmulo de cosas útiles finalizadas con éxito, o al menos útiles desde nuestra propia perspectiva o punto de vista particular. Punto de vista completamente erróneo, al menos para los que vivimos, en vez de esperar para poder vivir plenamente. Para los que luchamos por hacer cada vez más grandes los ratitos de confesiones en el sofá, o las postales a mano, los mensajes escritos con tu mejor letra en globos de colores o las notas pegadas siguiendo las técnicas más rudimentarias y eficaces, detrás de la puerta. Algunas veces (la mayor parte de ellas) somos poseedores eficaces de los mejores momentos, los recuerdos más hermosos, los mejores proyectos y la mejor compañía para llevarlos a cabo ¿Qué es lo que falla entonces?

PERMITIRNOS SER PERSONAS FELICES

Darnos a nosotros mismos la oportunidad de empezar de cero tantas y cuantas veces sea necesario, perdonando nuestra falta de amor por nosotros mismos y por quienes nos llenan de ilusión, fe y esperanza en el día a día. Valoramos lo que nos falta (siempre nos va a faltar algo) en vez de lo que tenemos y ciertamente de forma tan devastadora y egoísta que le robamos la energía, a quienes darían lo que fuese por vernos bien de una vez por todas. Nos consolamos al cobijo de “yo hago todo lo que puedo” cuando todo lo que podemos, se redice al esfuerzo constante de todos por poner amor donde falta tantas veces y donde la solución la ponen los que ponen el amor y las ganas. Necesitamos puntos de inflexión de la vida, para darle valor a lo que relente lo tiene, necesitamos las pérdidas para cesar en nuestro egoísmo y en nuestro afán por vivir a prisa, como si las cuentas que se nos rindiese se midiera en el total de tareas finalizadas, en vez del grado de satisfacción y felicidad que pusimos en todo lo que comenzamos.

“Decisiones remedio”

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Las “decisiones remedio”, huelen a agua salada. Te acarician el alma con la punta de los dedos. Te hacen cosquillas en los pies y saben a helado de chocolate blanco.
Las “decisiones remedio” son decisiones desacertadas, imprevistas, antes las cuales no valoras los recursos y mucho menos la posibilidad de fracaso o de que cada una de las alternativas posibles, lleguen a ser lo realmente efectivas,probables, adecuadas…oportunas.
Estas decisiones llegan en momentos de pánico y casi nadie puede entenderlas.
Estas decisiones son de color celeste y adoptan la forma de culturas diferentes, por eso quizás estas decisiones resulten tan embaucadoras.
A destiempo, con sueño y a pesar del desánimo sin pedirte permiso, te hacen superarte a cada paso. Te hacen tenaz, diligente y te ayudan a cerrar etapas que te gustaría que no volviesen, a la misma vez que das gracias por ellas (porque sin ellas nada de esto habría sido posible).
Las “decisiones remedio” te hacen sentirte satisfecha, poner más empeño aún en las cosas y sentir con orgullo, que fuiste capaz desde el principio, aún cuando no podías creerlo.
Los resultados de las “decisiones remedio” llegan en los momentos más apasionantes y enriquecedores de tu vida, que son esos momentos en los que estás realmente desarmada y con el corazón al descubierto, planteándote otro millón de decisiones (no “remedio” ya que ahora no se consideran un recurso necesario ) que te hacen de nuevo, y a la vez, altamente vulnerables.
Estas decisiones te enseñan el valor de cada paso y de la entrega y te reconfortan con las palabras de quienes te ayudaron a permanecer en pie a pesar de todo.

13rd february

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El otro día comencé una conversación, que no supe acabar o argumentar como así lo hubiese merecido. Y es que si no hubiese sido por ella, el barro de los tobillos sería a veces aún más fuerte. Sin más demora, mi explicación al respecto, con el deseo de robarle a tu corazón el aliento en un suspiro, que te valga para vivir con ilusión, más aún si cabe, de ahora en adelante.

 

La mayoría de las necesidades son subjetivas, transitorias, inestables, caprichosas, optimistas. Al igual que lo son los días especiales, los meses impares o los años bisiestos. La ilusión no se pinta de rojo , no aguarda los mejores momentos y se llena de recuerdos incómodos. La ilusión es lo que hace que cada uno de nosotros destaquemos del resto. Y no es lo mismo esperar, que esperar con ilusión. Al igual que no es lo mismo dar un abrazo, que dar un abrazo con ilusión. Y tener ilusión no nos hace menos fuertes, más cobardes o en cierto modo vulnerables. Tener ilusión nos hace ciertamente merecedores de rozar nuestros sueños.

La ilusión es esa apuesta en la que nadie cree o esa carta justo antes de haberse decidido a abandonar, ese número tres en los dados…esa partida de dominó por terminar tantas veces, las cartas que no llegaron, o las cosas que no dijimos porque justo eso fue lo que nos faltó y no tuvimos…ilusión.

La ilusión no se parece a la lotería, la lotería es probabilidad, (apuesto desde un punto de vista puramente personal improbable), tiene que ver con los desafíos, con el riesgo y con las ganas.

Vivir algo con ilusión de garantiza de antemano el éxito probable del acontecimiento en si aguardado.

La ilusión juega con las variables extrañas dejándolas en manos de quien cree, muy parecida a la Fe o a la Esperanza. Contraria al olvido, la tristeza, la añoranza, la desilusión o al desánimo.

La ilusión te ayuda a crecer por dentro, sin que se note, a sonreír cuando no hay motivos y a buscar motivos cuando nadie te da razones.

Altiva, temerosa, orgullosa, optimista, con encanto, insensata, fugaz…eso es a lo que yo llamo ilusión mientras el tiempo pasa y junto a él las cosas irremplazablemente provocadoras.

Velázquez las pintó…

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Velázquez pintó la belleza…

La pintó del color de la nieve y con curvas para perderse.

Las pintó diferentes, para en la diferencia admirar la exquisitez de la belleza. Velázquez las pintó sin ojeras, con chocolate , descalzas y sin maquillaje. No iban de rosa y llevaban una taza de té de vainilla con mucha azúcar en la mano. Velázquez las pintó optimistas y seguras.

Velázquez las pintó PERFECTAS, porque cuando ellas se miraban al espejo no sentían vergüenza, porque podían salir al balcón despeinadas y a coger el pan en pijama. Tender con los ojos cerrados y pasear vestida como un abanico de colores. Pero eso era cuando existía la esencia cautivadora de las cosas, cuando enamorarse se hacía aparentemente despacito y sin frenos, cuando todavía se regalaban flores y se le intentaba poner número a escalas que si no recuerdo mal tienen su máximo en poco más de un dos…

Seremos libres cuando empecemos a usar corbatas sin tirantes, faldas sin medias y zapatos planos para entrar en una discoteca en la que tengamos que pagar igual que los hombres. Seremos libres, cuando nos pongamos en nuestro sitio y dejemos de ser un reclamos con preferencias y privilegios aparentes, para que el resto obtenga beneficios. Las pecas, las pestañas cortas y las orejas demasiado pequeñas, cuando todo eso reciba el encanto que merece volveremos a recuperar la belleza que no se esconde detrás de una talla.

 

http://www.piensaesgratis.com/piensa-tv/que-cambiarias-de-tu-cuerpo-el-momento-en-que-dejamos-de-pensar-como-ninos

 

Si crees que puedo ayudarte no dudes en ponerte en contacto conmigo: 693607130

 

Pareja de Reyes

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Durante muchos años existió la isla de las promesas rotas…las rosas rojas que se regalan sin fecha y las notas sin caducidad.
Mientras tanto alguien jugaba a no bajar la guardia, sin llegar a entender muy como o porque solía hacerlo.
En la isla de las promesas rotas, vivían jugadores de cartas que lo apostaban todo por encontrar su sitio…durante largas noches igualaron apuestas y perdieron las oportunidades de las pequeñas confesiones.
Las pequeñas confesiones, no son grandes secretos, tampoco son oportunidades. Suelen ser irrelevantes, pasajeras, son tardes de lluvia, olor a tierra mojada, charcos de barro, canciones en inglés, retazos de tela…lágrimas derramadas en invierno en una piscina con no más de siete calles.
Las pequeñas confesiones, son del color de los calcetines que te pones cuando te sientes sola…huelen a suavizante y tienen forma de ovejita con remiendos. Las pequeñas confesiones te enorgullecen, porque suelen ser fruto del amor que le pones a cada uno de tus proyectos, casi siempre se cuentan una mañana de sábado, cuando te despiertas tarde y tienes los pies en la almohada y la cabeza en nadie sabe muy bien dónde…las pequeñas confesiones son logros…frases hechas, sonrisas que hablan de inocencia y propósitos que podrían cumplirse si dependiese realmente de no quien depende ahora. Las pequeñas confesiones te hacen temblar a veces (cuando te faltan los abrazos). Las pequeñas confesiones tienen su momento, nunca pueden ser después…aunque esté casi lista la cena, aunque sea tan tarde que asuste…las pequeñas confesiones nos paralizan el corazón, nos hacen permanecer alerta, nos llenan de ilusión y nos hacen sentir muy bien casi sin saberlo, ganas de rozar infinitamente la llena de los dedos. Pero muchas veces…no aprovechamos todos y cada uno de esos momentos de pequeñas confesiones, por miedo…por desgana o porque no damos el valor que realmente merece a quien nos está regalando un trocito de su corazón helado, para que lo calentemos entre nuestras manos. Las pequeñas confesiones tiemblan… y que si tiemblas ojalá y solo sea de frío…

El valor simbólico del trabajo

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El sentimiento de utilidad, es el componente social ,que hace que el hombre o la mujer sienta que sus aportaciones le hacen útil, con respecto al resto de individuos con los que comparte su existencia.

Nuestro sentimiento de utilidad, nos hace ser únicos e irrepetibles y realizar aportaciones en aquello en lo que destacamos por encima del resto.

Por nuestro sentimiento de utilidad nos esforzamos, crecemos, nos desarrollamos y terminamos siento mucho más libres, alcanzando por si solos una mayor independencia y autonomía.

Si este sentimiento no se desarrolla, retrasa o enlentece el resto de pasos evolutivos, crea inseguridad y desconfianza social, produce desajustes y una sociedad altamente vulnerable.

Dicho sentimiento no puede ser compensado  con bases económicas que no impliquen esfuerzo y crecimiento personal, ya que todo sentimiento de utilidad, va ligado a un esfuerzo de superación… os hablo del trabajo. Oportunidad contenida dentro de los derechos y obligaciones del ciudadano, insustituible, que nos hace caer rendidos y finalizar completamente satisfechos una jornada. Puñado de oportunidades que se ajustan a nuestras exigencias en base a la demanda, en vez de mantenernos callados continuando una formación continua (valga la redundancia) que en vez de un reciclaje, se convierte en el apaciguamiento de un sentimiento de utilidad frustrado.

Sentimiento patológico en extremo, que no deja que nuestro andamiaje sea reflejo de lo que socialmente podemos ofrecer a otros, para terminar reforzándonos a nosotros mismos. Todos tenemos algo que a portar, somos seres que vivimos en sociedad por la necesidad innata de vivir en compañía, o proceso de socialización, como algunos supieron llamarlo en su momento.

Desde el principio , ya fuese de forma más o menos acertada o desacertada , todos cumplíamos una misión social, unos la caza, otro el cuidado de los hijos (malditos roles sociales que por no luchar todavía con más fuerza, nos mantiene aun en desventaja) pero que nos hacen tener algo que ofrecerle al otro y no andar errantes.

Trabajar no es una costumbre, un capricho o cabezonería, trabajar es un derecho que todos y cada uno de nosotros deberíamos de tener asegurado antes de que el hecho de no tener oportunidades llegase a destrozarnos por dentro.

“Pedazos de silencio”

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En París en el barrio de los Artistas, esperando a dibujar uno de esos abrazos únicos e irrepetibles, uno de esos abrazos sin prisa, con tiempo y a destiempo, uno de esos abrazos que se dan con la intención de volver a recuperarlo todo, entonces ya el tiempo no disputa ninguna batalla perdida, ahora luchas contra el olvido, contra las cosas imposibles y contra todos los previstos o imprevistos que surjan en el universo…porque ahora todo cuanto tienes es el espacio escaso que te separa . En Candem Town paseando hasta que te duela el alma de imaginar, que cuesta perpetuar todo lo que es de carne y hueso y más aun lo que no se percibe, se siente o se contempla con los ojos, haciendo las cosas mucho más concretas y reales aun si cabe.

Qué importa…qué importa cuando te regalan un billete hacía alguna parte, tras el que se esconde unas ganas irrefrenables de arreglarlo todo, de sonreír, de apostar, pero somos desconfiado, maldita desconfianza suspicaz e irremediable a veces que hace  que no creamos en las formulas que no cuestan dinero, que nos rozan el alma, que nos acarician la espalda que nos duermen a besos. No creemos, no creemos porque vivimos en una sociedad en la que todo cuesta demasiado.

MIEDO IRREFRENABLE … miedo irrefrenable a disfrutar como niños, en un mundo que hemos hecho de adultos por miedo a soñar, no sea que por soñar lleguemos a perderlo todo.

Alma rota, desgastada, con la pluma seca de los sueños rotos, con las piernas cansadas de ir contra corriente y sin alzar el vuelo después de haberlo intentado solos tantas y tantas veces…se escapó la musa de los relatos cortos, de los versos sin voz, de los besos en ningún sitio…y mientras tanto jugamos a intentar entenderlo todo.

Y qué me dices de ese acorde en el silencio, en vez de ese eco que rebota haciéndote escuchar lo que dices sin descanso … una y tantas veces, sin respuesta. Encadenado a la locura de llegar a pensar, que quizás no esté en lo cierto, renunciando a tu esencia o los principios en los que creíste desde hace tanto.…

¿Y los sueños? maldita batalla que acampa en el corazón de los que no descansan, insaciable sed, provocada, por la necesidad de no ser capaz de dejar nada a medias, de seguir intentándolo, aunque el resto en tu lugar, hubiese abandonado hace tanto, sin que te queden más fuerzas…sin querer dar más explicaciones que las precisas y sin necesitar la aprobación de nadie más, con tanto y nada pendiente a la vez…