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Cita

“Maldito despropósito desacertado que hoy me hace libre.

Malditas todas esas, las veces, bañadas de ilusión y compromiso. Auroras carentes de entendimiento. Maldito el desconsuelo por la falta de argumentos . Maldita la espera de una llamada que quizás pudo cambiarlo todo, o no. Puesta a prueba.

Maldito despropósito desacertado que hoy me hace libre…”

 

 

Maldito despropósito…

Me pondre los guantes amarillos, por supuesto, y después iré a buscarte

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La llamada ” zona de confort ” es ese espacio de carácter psicológico y con dimensiones físicas. Es ese guerrero con hacha, escudo y guadaña que nos protege más allá de lo probable y de lo imposible. Es susceptible ante las diferentes oportunidades que la felicidad nos brinda, negándose al diálogo y a la argumentación. La llamada “zona de confort”, no mide más de lo que un sofá de un par de plazas y dos o tres cojines de colores y se siente completa cuando desdoblamos la mantita de lana. Y allí estamos nosotros, cómodos, calentitos, seguros y custodiado ” en nuestro espacio” con “nuestro guerrero”. “La zona de confort” es subconsciente y se forma a través de la experiencia y los prejuicios. Mecanismo natural obsoleto, que nos merma la capacidad de ser nosotros mismos y sobre todo de luchar por lo que realmente nos hace felices. Nos merma las ganas de “intentarlo”. “La zona de confort” se vale de sus propios recursos: “más vale pájaro en mano que ciento volando”, “mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer…” pero ¿ y si te pones los guantes amarillos y decides salir de tu zona de confort? y ahora te hago otra pregunta ¿ si de aquí a un tiempo atrás las herramientas que has utilizado, los planteamientos que has puesto en marcha , la actitud que has tomado o la forma de afrontar los acontecimientos no te han funcionado….?si te ha pasado todo esto ¿por qué no cambias la forma de hacer las cosas? ¿Por qué no? por probabilidad si has fracasado en el intento la mayoría de las veces, lo esperado es que vuelvas a hacerlo, pues ¡Cambia la forma! adopta una postura diferente o será que ¿realmente tienes miedo a que ese cambio tan esperado se produzca? Si pueden quererte un 100% ¿ Por qué te conformas con un 50%? Y si discutir y quejarte no te ha servido de nada y sigues haciéndolo quizás sea el momento de hacerte una pregunta de forma sincera ¿realmente quiero que esto cambie o realmente me siento a gusto en esta situación? porque quizás lo que suceda es que a pesar de las quejas, de las críticas y de preguntas retóricas e incontestables cómo ¿Tú ves esto lógico, normal y coherente? o ¡Yo lo siento mucho pero no aguanto más!  a pesar de todo eso, lo que suceda sea, que cuando estemos solos en vez de volver a intentarlo lo que hagamos sea volver a nuestro sofá , para volver a ponernos cómodos.

¿De qué tipo de acero está hecha el alma?

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cansada

Como el acero que forja el alma…deteriorado y en desuso. Con las ilusiones enfangadas, en el pantano del ahora no puedo, replegadas a la voz  de la conciencia sorda que nunca suena. Con la esperanza rasgada y con la necesitada de la concesión de un par de vidas más a parte de esta. Los amaneceres rotos, la claridad que empaña el alma, la rutina, el diario a base del tiempo repleto de las cosas sin sentido…apacible, irritante, lisonjera…como cuando llueve tras la ventana y parece que te mojas pero no lo haces, los desayunos en la cama o los abrazos que no vienen al cuento. Porque todo se puede y si no se puede lo que faltan las ganas y no los recursos. Porque el mundo, se hizo redondo para encontrarnos, por si al marchar despavoridos, finalmente sentíamos la necesidad de retomar las cosas, justo  donde cobardemente habían comenzado y las enterramos entre barro y ceniza, no fuese que al volver no pudiésemos desenterrarlas con las manos. Si valorásemos todo, quizás pasearíamos más lento, cantaríamos más lento, sonreiríamos más lento, besaríamos más lento. Nos sentiríamos más vulnerable, pediríamos ayuda con mucha más frecuencia y los momentos serían únicos, memorables, irrebatibles, absolutos y nunca quedaríamos saciados. No existiría el reclamo, la desgana, la desidia, la desdicha y el miedo sería una herramienta útil y completamente válida, justo en un mundo en el que en vez de eso, se convierte  en el dueño de todos los desfallecimientos de nuestra esperanza, de todos los intentos que no fueron y que deberían haber sido, de la falta de ganas, del miedo al hacer mal las cosas o del confort que supone dejar las cosas como están, en vez de arriesgarse por ser realmente feliz con lo que se sueña.