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Rey de corazones

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Soñé contigo. Si soñé contigo. Lo hice. Soñe contigo rey de corazones. Soñé contigo, con tus batallas y tormentos, con tus dudas, con los momentos en los que nos quedamos a solas y se nos rinde el tiempo. Con tu café descafeinado soluble. Con tus pulsaciones desacompasadas sin ton ni son. Soñé con tus flores (amarillas por supuesto), con tus calles en ruinas. Con tus historias en un idioma desconocido, que sabían a pesar de todo calarme por dentro. Con tus prisas, que sabían detenerme, sin dobleces, sin falsos juegos de palabras. ALL IN.

Soñé contigo, mañana lluviosa de otoño, agazapada en una ventana sin dueño, leyendo un libro sin alma, con el corazón a tus pies y tú ni siquiera sabías que te estaba pensando. Con el alma deshilachada por dentro y cosida a base de remiendos, poemas sin dueño y rimas que nunca llegaron a escribirse.

Nos robaron el alma rey de corazones, como a los pintores de la calle…hablamos de ese vacio maldito, insaciable, lleno de nada con olor a blanco, intangible, irremediable a ratos, incorruptible, omnipresente y fue mucho menos vacio. Ni siquiera recuerdo la hora. ALL IN rey de corazones. Ganamos rey de corazones , lo dimos todo con todo y si no lo dimos en ese momento, es porque aun nos quedan ALL IN en los que se juegen mucho más que un par de monedas o un billete para segunda clase.

 

 

 

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Tú habla mientras yo te dibujo el alma con los ojos cerrados…

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Tú habla mientras yo te dibujo el alma con los ojos cerrados. Tu piérdete por dentro, mientras yo me pierdo en tus atardeceres con nombre y llenos de historia. Enséñame sin miedo, sin juicio, prejuicio ni condicionamiento, que yo te acompañaré a ese remanso de paz que tanto anhelas, mientras me haces perder la calma, por conocer esa inquietud que te roba el sueño y te hace darle forma a cosas realmente asombrosas, que yo también llevo por dentro, aunque no sea ético que lo reconozca.

Hablemos, hablemos de lo que sea , aunque no proceda, hagámoslo, porque el mundo está lleno de pequeñas oportunidades sencillas con nombre o sin él ¡Qué importa! Enséñame pases estratégicos y magistrales y usa colores, a pesar de las sombras, a pesar de tus sombras.

No olvides que eres asombroso, por tus historias vacías de prejuicios, con necesidad reparadora, cargadas de culpa y remordimiento que a mí me hacen recordarte, mientras me pierdo, que hoy estás donde estás gracias a quien fuiste y lo que viviste algún día.

Dibuja a destiempo, escribe de madrugada aunque no veas las sombras y hazle pases a la vida cuando se distraiga. No te pierdas los atardeceres, los que duelen porque saben a recuerdo. Y si llueve detente y mira al cielo y sonríe, porque eres sencillo, por amar sin prejuicios, por tu miedo detrás de la ira y siéntete especial en ese estanque de peces llenos de colores, diferente al resto, inquieto de día y de noche , anhelante en una vida con sentido, donde la mayoría (varios por dentro) piensan que no te queda nada.

Y hazme que escriba, que juegue, que pinte, aunque no proceda (permíteme que sea repetitiva e insistente en esta cuestión). Pero en la vida, los momentos que no proceden son los que más cosas tienen para regalarte. Y hazme que haga, tú no te olvides de hacerlo, que yo no me olvidaré de compartir contigo momentos irrebatibles, que ojalá y durasen más que una mañana de verano, porque todo lo que importa debería durar mucho más que eso.

Cuando todo acaba

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Excusas inexorables, lágrimas tenues tejidas al amparo del desconcierto, bajo el amparo de letras de canción sin autor, en carreteras que nos hubiesen llevado a ninguna (o cualquier) parte. Noches de luna llena que hubiesen sido creciente pero que ahora nos alumbra mientras mengua tu luz y mis ganas. Mañanas con mucho sin y sin mucho con. Despropósito desacertado el querer tenerte. Despropósito desacertado el querer creerte. Todo acaba. Y es que cuando todo acaba…un poema sin acorde , una canción sin letra, un viaje, una copa de vino, un buen libro o tu risa en mi boca. Y es que todo acaba puede ser un propósito desacertado o por el contrario puede poder merecerlo.  Y es que hay cosas que duran demasiado (aunque existiesen momentos en los que nunca hubiésemos tenido suficiente).  Y esa debe ser nuestra excusa.  La ausencia del miedo, provocada por el desarraigo, ante la necesidad de encontrarnos con una soledad, que lleva por nombre nuestro nombre y que nos invita a ser pacientes, amparados en unos valores a los que tuvimos que ser fieles, por miedo a llegar a defraudarnos a nosotros mismos, en esta búsqueda hacia alguna parte. Se me olvidaron las mañanas de invierno, se me olvidó decirte que cuando el alma duele debes andar descalza, inventar nombres para las estrellas, y llorar con el despropósito del consuelo,  dejando que tu entrega salga a raudales. Se me olvidó hablarte de las tazas de café que en invierno te ponen las manos calentitas mientras ves una de esas pelis que consiguen emocionarte después de tantos años. Y de repente te has encontrado contigo mismo y te das cuenta de que todo ha acabado para dar paso a un mejor versión de ti , una nueva versión llena de entrega (mucha más aún si cabe), de momentos especiales que están listos para ser regalados, y muchos paseos, de esos que no aluden al espacio ni al tiempo. Paseos de la mano. Tu risa en mi boca. Pero para eso (reitero de forma insistente)  es necesario que todo acabe. Es necesario escuchar la lluvia de invierno en la ventana, a pesar de ser un día soleado de verano. Es necesario que escuches la canción hasta que duela, que vuelva s a echarte otra copa de vino, es necesario (princesa) que nunca más dejemos de escribir juntas. Es necesario que escribas punto y final a un nuevo comienzo que te hace mucho más fuerte y vulnerable a la vez.  Vulnerabilidad con propósito. Coraje, ilusión y muchas ganas. Y sin aquello, recuerda que sin con todo lo que acaba hoy no serías libre, en tu soledad, ni en tu elección, ni en tu entrega ni mucho menos en cada uno de tus propósitos. Y volverás a mirar las fotos y serán amarillas al igual que las puestas de sol pero ahora no te harán daño.

No hagas balance, HAZ PROPÓSITOS

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No hagas balance, HAZ PROPÓSITOS

Le gustaba la belleza oculta en los pequeños detalles, salir descalza a la terraza cuando todos dormían en invierno, pelar las uvas y hacer balance en septiembre,y aunque no todos pudieron entenderlo era afortunada, por eso y por otras muchas cosas. Era afortunada por el silencio y por ser capaz de hacerse ese tipo de preguntas, que solo los valientes pueden hacerse. Preguntas de esas que dan miedo y que no te permiten “quedarte” a no ser que estés sumamente satisfecho, aunque eso implique dolor o estar solo más de lo que debieras o hubieses imaginado la noche antes.

Nunca olvidaba sus guantes amarillos. Nunca olvidaba ser feliz, nunca olvidaba QUE ESTABA VIVIENDO.

No hagas balance, HAZ PROPÓSITOS,  pero de esos que tienen fecha de caducidad y pasos marcados en el tiempo. De esos que no dices a nadie y de esos que no escribes en ningún sitio, dónde otros puedan leerlo. No te conformes este año con los que los demás proyectan en ti, quieren para ti o esperan de ti y busca tu esencia en todo lo que hagas y que eso que haces, te permita ser tú mismo y nunca el reflejo en ti de otros. No esperes ni busques la aprobación de los demás en lo que haces y que eso, sea junto, lo que te permita sentirte orgulloso, y sobre todo no tengas miedo de sentirte satisfecho por todo lo que consigas, que durante todo este tiempo, ya nos han enseñado a castigarnos lo suficiente, por eso ahora es el momento de regalarnos rosas amarillas en esas mañanas en las que vemos cumplido nuestro esfuerzo o después de haber terminado esa última prueba aunque conseguirlo nos haya costado diez minutos más que el resto. Salta con los ojos cerrados y en vez del agua rompe tus miedos.Te deseo que seas feliz!

¿De qué tipo de acero está hecha el alma?

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Como el acero que forja el alma…deteriorado y en desuso. Con las ilusiones enfangadas, en el pantano del ahora no puedo, replegadas a la voz  de la conciencia sorda que nunca suena. Con la esperanza rasgada y con la necesitada de la concesión de un par de vidas más a parte de esta. Los amaneceres rotos, la claridad que empaña el alma, la rutina, el diario a base del tiempo repleto de las cosas sin sentido…apacible, irritante, lisonjera…como cuando llueve tras la ventana y parece que te mojas pero no lo haces, los desayunos en la cama o los abrazos que no vienen al cuento. Porque todo se puede y si no se puede lo que faltan las ganas y no los recursos. Porque el mundo, se hizo redondo para encontrarnos, por si al marchar despavoridos, finalmente sentíamos la necesidad de retomar las cosas, justo  donde cobardemente habían comenzado y las enterramos entre barro y ceniza, no fuese que al volver no pudiésemos desenterrarlas con las manos. Si valorásemos todo, quizás pasearíamos más lento, cantaríamos más lento, sonreiríamos más lento, besaríamos más lento. Nos sentiríamos más vulnerable, pediríamos ayuda con mucha más frecuencia y los momentos serían únicos, memorables, irrebatibles, absolutos y nunca quedaríamos saciados. No existiría el reclamo, la desgana, la desidia, la desdicha y el miedo sería una herramienta útil y completamente válida, justo en un mundo en el que en vez de eso, se convierte  en el dueño de todos los desfallecimientos de nuestra esperanza, de todos los intentos que no fueron y que deberían haber sido, de la falta de ganas, del miedo al hacer mal las cosas o del confort que supone dejar las cosas como están, en vez de arriesgarse por ser realmente feliz con lo que se sueña.