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Cuando todo acaba

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Excusas inexorables, lágrimas tenues tejidas al amparo del desconcierto, bajo el amparo de letras de canción sin autor, en carreteras que nos hubiesen llevado a ninguna (o cualquier) parte. Noches de luna llena que hubiesen sido creciente pero que ahora nos alumbra mientras mengua tu luz y mis ganas. Mañanas con mucho sin y sin mucho con. Despropósito desacertado el querer tenerte. Despropósito desacertado el querer creerte. Todo acaba. Y es que cuando todo acaba…un poema sin acorde , una canción sin letra, un viaje, una copa de vino, un buen libro o tu risa en mi boca. Y es que todo acaba puede ser un propósito desacertado o por el contrario puede poder merecerlo.  Y es que hay cosas que duran demasiado (aunque existiesen momentos en los que nunca hubiésemos tenido suficiente).  Y esa debe ser nuestra excusa.  La ausencia del miedo, provocada por el desarraigo, ante la necesidad de encontrarnos con una soledad, que lleva por nombre nuestro nombre y que nos invita a ser pacientes, amparados en unos valores a los que tuvimos que ser fieles, por miedo a llegar a defraudarnos a nosotros mismos, en esta búsqueda hacia alguna parte. Se me olvidaron las mañanas de invierno, se me olvidó decirte que cuando el alma duele debes andar descalza, inventar nombres para las estrellas, y llorar con el despropósito del consuelo,  dejando que tu entrega salga a raudales. Se me olvidó hablarte de las tazas de café que en invierno te ponen las manos calentitas mientras ves una de esas pelis que consiguen emocionarte después de tantos años. Y de repente te has encontrado contigo mismo y te das cuenta de que todo ha acabado para dar paso a un mejor versión de ti , una nueva versión llena de entrega (mucha más aún si cabe), de momentos especiales que están listos para ser regalados, y muchos paseos, de esos que no aluden al espacio ni al tiempo. Paseos de la mano. Tu risa en mi boca. Pero para eso (reitero de forma insistente)  es necesario que todo acabe. Es necesario escuchar la lluvia de invierno en la ventana, a pesar de ser un día soleado de verano. Es necesario que escuches la canción hasta que duela, que vuelva s a echarte otra copa de vino, es necesario (princesa) que nunca más dejemos de escribir juntas. Es necesario que escribas punto y final a un nuevo comienzo que te hace mucho más fuerte y vulnerable a la vez.  Vulnerabilidad con propósito. Coraje, ilusión y muchas ganas. Y sin aquello, recuerda que sin con todo lo que acaba hoy no serías libre, en tu soledad, ni en tu elección, ni en tu entrega ni mucho menos en cada uno de tus propósitos. Y volverás a mirar las fotos y serán amarillas al igual que las puestas de sol pero ahora no te harán daño.

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¿Cuándo está permitido rendirse?

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“Voy a pintar estrellitas, pero esta vez lo haré en el cielo”

Recuerdo la primera vez que os pinté, el dibujo no estuvo listo del todo hasta que os coloreé de amarillo. Hoy habéis aparecido para recordarme, que hay que pintar estrellas que te hagan sentir valiente.

¿Cuando no está permitido rendirse?

Conocí a una niña, por aquellos entonces tenía los ojos un poquito más oscuros y eso la hacia tremendamente especial, sencillamente diferente. Ella pintó estrellas, de esas que se colorean cuando todos deciden irse a la cama, e inventó poesías, que no fue capaz de leer hasta que alguien quiso escucharlas. Fue esa niña la que me enseñó a no rendirme.

Ella escribió una lista de deseos que guardó en una caja de lata, de esas que las abuelas siempre llenan de hilos de colores. A ella no le importaba que para el resto del mundo fueran imposibles, porque ella no estaba dispuesta a rendirse.

No nos cremos que para luchar no son necesarios argumentos que convenzan al resto, que no necesitamos convencer a nadie si realmente nosotros estamos convencidos de que está mereciendo la pena. Y si para nuestro corazón está mereciendo la pena, que nadie nos diga que no debemos seguir adelante.

 

Cita

“Maldito despropósito desacertado que hoy me hace libre.

Malditas todas esas, las veces, bañadas de ilusión y compromiso. Auroras carentes de entendimiento. Maldito el desconsuelo por la falta de argumentos . Maldita la espera de una llamada que quizás pudo cambiarlo todo, o no. Puesta a prueba.

Maldito despropósito desacertado que hoy me hace libre…”

 

 

Maldito despropósito…

Secas las flores que fueron

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rosas

Secas las flores que fueron. Con o sin recuerdos, no más lejos del despiste, que provocó a tu paso el viento, mientras decías no saber que escribirme, mientras me hablabas de lo profundo de algo de eso a lo que llaman tangible. Mientras tanto, yo seguía creyendo…

En esa y en tantas otras veces. Dúctil. Roto, aún así yo seguía palpando los segundos y pegando los pedazos, de algo a lo que alguien decidió sin consultar llamar destino.

Apostando por una partida, en la que los dados ya estaban echados y las cartas vistas. Aposté, aposté hasta saber que tenía alma. Aposté sin consecuencias y contra todo pronostico, aposté sin argumentos y sin escuchar el eco de otras voces. que en más de una ocasión,quisieron quedarse pese a todo.

No medí las consecuencias, me partiste el ama, rompiste la ilusión que tenía por llegar tan lejos, incluso dejar de creer en tantas cosas. Me llamaban cobarde ¡Me llamaron tantas veces cobarde! Cobarde por ser consecuente, cobarde por ser valiente. Cobarde porque lo que tú querías darme no era suficiente. Cobarde porque no supe, cobarde porque no quise conformarme.

Todos nosotros conocemos a alguien que no se conformó. Alguien que valoró sus necesidades, por encima de las promesas a largo plazo o de lo que estaban dispuestos a darle. Alguien que en vez de cobarde fue valiente y que a pesar de ser criticado acalló la voz de tantos, con el paso del tiempo. No es cierto eso que se dice. Todos tenemos miedo a los cambios, lo que no sabemos es que detrás de cada crisis, se abre ante nosotros un abanico de oportunidades, que nos garantiza la felicidad más, que la opción que desechamos al comienzo. Porque no es cierto eso que se dice de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Eso lo puso como excusa, alguien que tuvo miedo a cambiar, alguien que a pesar de las quejas y de la desgana tuvo miedo a que todo fuese a mejor. Alguien que tuvo más miedo al fracaso que a volver a intentarlo.

¡Puedo ayudarte! 693607130

Cuento de otoño

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otoño

Conocí a una chica, con los ojos más oscuros que de costumbre y solitaria, o más bien eso me pareció al principio. Le di tiempo y descubrí que jamás nunca existió nadie con el alma tan llena. Y me quede a su lado. Hablamos del amor, de la muerte y del paso del tiempo. Hablamos de los milagros y de algún que otro sueño. Y no nos importó las veces que hablamos sobre ello. No nos importó cómo de tarde era o el tiempo que pasamos hablando de lo mismo. Esa era su versión, la mejor versión de si misma.

Amaba el otoño, escribir cuando nadie la veía, la tormenta y pasear sola por la playa. Amaba los calcetines por encima de la rodilla, que los cafés durasen un poco más de costumbre , la tortilla un poco más pasada de la cuenta y la comida más bien salada. Ella amaba quedarse hasta tarde los domingos y salir a bailar sin música. Odiaba el término medio, las decisiones lógicas, ir a favor de la corriente o seguir el compás de la música. Intransigente, irracional, ilógica, desconfiada, fugaz, constante y enamorada. Obsesionada con los momentos únicos e irremplazables, que habían no hace mucho empezado a ser la gran mayoría.

No soportaba las peleas largas, la falta de explicaciones o la intransigencia por salir del paso, cuando le habían arañado el alma un poco más que de costumbre. Odiaba la gente práctica, que no soñaba, las obligaciones, las rutinas sin ilusión y el no estar esperando continuamente a que algo maravilloso pasase casi sin esperarlo. Odiaba el fracaso, y que no se reconociera el esfuerzo cuando en el había depositado toda la ilusión que pudiera ponerse. Odiaba el tiempo perdido, las noches en las que no se daban explicaciones y derramar más lagrimas que las necesarias por falta de amor.

Y ella me enseñó a soñar con lo impredecible, lo desesperado, lo desacertado y con lo insuperable.Ella me enseñó a soñar hasta tarde. Ella me enseñó a no llevar a apuntado en la libreta de lo adecuado, esperado o predecible  todo lo que me importa. Ella me enseñó a saltarme las normas, y a permitirme el lujo de vivir necesitando lo que cabe en un bolsillo, o en una bocanada de aire. Porque el encontrar a alguien diferente te hace permitirte el lujo de descubrirlo poco a poco, aunque eso sea un riesgo a correr desde el primer momento y una decisión susceptible de abandono si no estás dispuesto a aceptar el ritmo y las condiciones. 

 

La ayuda no siempre es necesaria, en el último momento o al final de un largo proceso. Algunas veces lo único que necesitamos para poder dar lo mejor de nosotros mismos es una segunda opinión, un cambio de perspectiva o un consejo acerca de cómo hacer las cosas de forma diferente como hasta ahora. YO PUEDO AYUDARTE: 693607130.

“NUTS”

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Las oportunidades son inconscientes, desacertadas, imprevistas, indeterminadas, desconcertantes y traicioneras, al fin y al cabo pueden permitírselo son eso, oportunidades. Se nutren de la esperanza, se visten de la ilusión, huyen del compromiso y en caso de existir manual al respecto , seguramente estará en ruso antiguo, lo que equivale a “no te emociones esto hay que vivirlo”. No pueden formatearse, no tienen reseteo, no te dan tiempo a pintarte los labios de rojo y mucho menos, a que te planches la camisa antes de salir corriendo, como si se acabase el mundo en tu último suspiro. Las buenas oportunidades te obligan a olvidarte de las constantes vitales más primitivas (respirar, parpadear y tragar saliva) y que no se te salga el corazón por la boca, se convierte en tu principal prioridad (esa y empezar a aprender ruso antiguo por si acaso, nunca se sabe). Pero tu decides, tu decides si darte un par de vueltas en los pantalones por si te manchas de barro, que será lo más probable o si por el contrario prefieres recorrer esas oportunidades en el Lockheed SR-71  (Velocidad oficial: 3.529 kilómetros por hora), con, por supuesto, todo lo que ello implica;  desde los aviones las flores y las nubes no huelen, el brillito de la marea cuando está bajita no se percibe (si optas por ir paseando ya tienes los pantalones doblados) y las pelis de miedo dejan de ser lo mismo (lo que realmente marca el valor de una  buena peli de miedo es a la velocidad que cruzas el pasillo de tu casa hasta llegar al baño, más el número de puertas que abres y cierras dividido entre el número de luces que apagas y enciendes) Tu decides, al fin y al cabo es cuestión de actitud. tu de¡cides si te quedas con una “Pareja” o prefieres una “Escalera Real” al fin y al cabo, todo depende, si desde el principio apostaste lo justo para que no te arañasen el alma o preferiste darlo todo. Recuerda que las verdaderas oportunidades no son más que decidir si paseamos, dejarte querer, seguir soñando, dar un abrazo, cenar juntos, caminar lento, amar lento, vivir lento…recuerda que las verdaderas oportunidades no son algo más que una bolsa llena de chucherías, un día nublado o un par de manos al dominó.