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Cita

“Maldito despropósito desacertado que hoy me hace libre.

Malditas todas esas, las veces, bañadas de ilusión y compromiso. Auroras carentes de entendimiento. Maldito el desconsuelo por la falta de argumentos . Maldita la espera de una llamada que quizás pudo cambiarlo todo, o no. Puesta a prueba.

Maldito despropósito desacertado que hoy me hace libre…”

 

 

Maldito despropósito…

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Cuento de otoño

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otoño

Conocí a una chica, con los ojos más oscuros que de costumbre y solitaria, o más bien eso me pareció al principio. Le di tiempo y descubrí que jamás nunca existió nadie con el alma tan llena. Y me quede a su lado. Hablamos del amor, de la muerte y del paso del tiempo. Hablamos de los milagros y de algún que otro sueño. Y no nos importó las veces que hablamos sobre ello. No nos importó cómo de tarde era o el tiempo que pasamos hablando de lo mismo. Esa era su versión, la mejor versión de si misma.

Amaba el otoño, escribir cuando nadie la veía, la tormenta y pasear sola por la playa. Amaba los calcetines por encima de la rodilla, que los cafés durasen un poco más de costumbre , la tortilla un poco más pasada de la cuenta y la comida más bien salada. Ella amaba quedarse hasta tarde los domingos y salir a bailar sin música. Odiaba el término medio, las decisiones lógicas, ir a favor de la corriente o seguir el compás de la música. Intransigente, irracional, ilógica, desconfiada, fugaz, constante y enamorada. Obsesionada con los momentos únicos e irremplazables, que habían no hace mucho empezado a ser la gran mayoría.

No soportaba las peleas largas, la falta de explicaciones o la intransigencia por salir del paso, cuando le habían arañado el alma un poco más que de costumbre. Odiaba la gente práctica, que no soñaba, las obligaciones, las rutinas sin ilusión y el no estar esperando continuamente a que algo maravilloso pasase casi sin esperarlo. Odiaba el fracaso, y que no se reconociera el esfuerzo cuando en el había depositado toda la ilusión que pudiera ponerse. Odiaba el tiempo perdido, las noches en las que no se daban explicaciones y derramar más lagrimas que las necesarias por falta de amor.

Y ella me enseñó a soñar con lo impredecible, lo desesperado, lo desacertado y con lo insuperable.Ella me enseñó a soñar hasta tarde. Ella me enseñó a no llevar a apuntado en la libreta de lo adecuado, esperado o predecible  todo lo que me importa. Ella me enseñó a saltarme las normas, y a permitirme el lujo de vivir necesitando lo que cabe en un bolsillo, o en una bocanada de aire. Porque el encontrar a alguien diferente te hace permitirte el lujo de descubrirlo poco a poco, aunque eso sea un riesgo a correr desde el primer momento y una decisión susceptible de abandono si no estás dispuesto a aceptar el ritmo y las condiciones. 

 

La ayuda no siempre es necesaria, en el último momento o al final de un largo proceso. Algunas veces lo único que necesitamos para poder dar lo mejor de nosotros mismos es una segunda opinión, un cambio de perspectiva o un consejo acerca de cómo hacer las cosas de forma diferente como hasta ahora. YO PUEDO AYUDARTE: 693607130.

Un café a medias…

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Como un café a medias, dulce y amargo a la vez…

Como una despedida con abrazo,

como una prueba con consecuencia.

Como una apuesta que está destinada al fracaso y que aun así contemplas continuamente cambiar su rumbo…

Como el rímel, agresivo, provocador, suave e  intenso a la misma vez … cercano…

Como cuando cierras los ojos, respiras y duele, llena de primeras veces con sabor a segundas…

Instantes compartidos llenos de trenes con miedo, de paradas en las que no sabes si retroceder, parar o seguir adelante…así es la felicidad…

Se parece a los besos que no se dan, a las promesas que no se escuchan por miedo, a los paseos de la mano sin intención y a las respuestas que da a quien no se le pregunta.

A base de pequeños instantes sin reloj, sin tregua, con música que no se recuerda, con canciones que no se bailan…apuestas sin nombre, dados sin números, avenidas con nombre de poeta…instantes que se atrapan o que se dejan correr con sabor dulce que huele a recuerdo…horas sin tiempo, sentimientos sin palabras…palabras que no se dicen, cosas que se dicen sin palabras…

Como una verdadera señorita  con armadura (¿Desde cuándo sólo los caballeros pueden llevarla?), en la que debes sopesar las consecuencias…si continuar la batalla o quizás dejarte ir…

La felicidad es una decisión, una decisión acertada que te conduce a través del camino de la esperanza, una decisión que te hace elegir con los ojos del corazón, que en la mayoría de las ocasiones te obliga a ponerle nombre, aunque no se debiese a cosas que quizás ni existan…la felicidad es un estilo de vida lleno de equilibrio. Se puede ser feliz y llorar por miedo a la vez, se puede ser feliz y sentirse defraudada al mismo tiempo…por lo tanto si se puede ser feliz de forma constante, y aquellos que dicen que no es que nunca han conocido la felicidad realmente.

La felicidad se parece a las olas que chocan de forma desmesurada sobre las paredes de un castillo, intentando hablar de la injusticia, pidiéndote un alto en el camino quizás con la intención de un beso…la felicidad es una llave, una carta sin destinatario, una llamada sin número…un paquete de azúcar con “te echo de menos”.

La felicidad es amarilla, como el sol en verano, como las luces de las fiestas…como los recuerdos que guardamos en una cajita y cerramos fuerte…¡Cómo si esos no estuviesen en el corazón!….como si esos pudiesen escaparse…

La felicidad es una chapita con inicial, o un tatuaje sin firmar…la felicidad es un “dame otro abrazo” y a veces te obliga a conformarte porque no cabría en el universo.

La felicidad es saber disfrutar y no arrepentirte de las decisiones. La felicidad te obliga a permanecer constante y a desestabilizarte a la vez…así…la felicidad te hace sentirte vivo.

Justo eso es la felicidad.

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