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Cita

“Maldito despropósito desacertado que hoy me hace libre.

Malditas todas esas, las veces, bañadas de ilusión y compromiso. Auroras carentes de entendimiento. Maldito el desconsuelo por la falta de argumentos . Maldita la espera de una llamada que quizás pudo cambiarlo todo, o no. Puesta a prueba.

Maldito despropósito desacertado que hoy me hace libre…”

 

 

Maldito despropósito…

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Aceptación o compromiso

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Tenemos dos opciones, empecemos así, ¿Por qué no hacerlo? . Tenemos la opción de cobijarnos bajo el amparo, de lo que nos hace sentir seguros, del tan utilizado como escudo “yo soy así” y entraríamos en “aceptación” . También tenemos la opción, de adquirir sin más mesura, el “compromiso” del cambio. Cuando hablamos de cambio, en ningún momento se hace referencia, al abandono de nuestra esencia, con el mero objetivo de ir en pos de lo que los demás quieren de mí, o quieren que yo sea, por eso es muy importante identificar quién soy yo y cada una de las partes de nosotros mismos, que son las que bañan de sentido nuestra felicidad, dándole ese matiz especial, a todo lo que hacemos. Pero si puede ser modificable, aquello que nos frena: la ira, el enfado, la preocupación en exceso, o el ir más adelante que el ir y venir de los acontecimientos, por mucho que de forma positiva o negativa nos repercutan. Estos son los matices de nosotros mismos susceptibles de modificación, esos matices que nos hacen sentirnos incómodos, que nos hacen no ser flexibles o adaptables, que terminan sencillamente robándonos momentos. No hablo de comodidad, ya que por añadido se sobrentiende  que es más cómodo ser como somos, admitiendo nuestros mecanismos de defensa en cada situación, a la que tengamos que hacerle frente, en vez de sentirnos desprotegidos por eso a lo que llamamos “cambio”, lo que sucede es que el el “cambio” se convierte cuando se experimenta en la antesala del disfrutar pleno de cada circunstancia, es el “cambio” el que nos hace conectar con los otros, dándole sentido a cada pequeño acontecimiento, y diciéndole al otro “esto lo hago por mí y también por tí porque me importas.” os invito a experimentar el “cambio”.

Si necesitas ayuda o quieres hacerme alguna consulta, no dudes en ponerte en contacto conmigo: 693607130.

Soy así…¿Qué hago?

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PERSONALIDAD

 

En este artículo, se recogen consejos útiles a trabajar, dependiendo de tus rasgos de personalidad específicos.

En psicología solemos hablar de tres tipos de personalidad o de patrones diferentes del comportamiento. La primera de estas personalidades es la llamada de Tipo A, caracterizada por personas ambiciosas, competitivas e impacientes. Se trata de personas organizadoras, fuertemente estructuradas, con incapacidad de flexión y dificultades adaptativas. Personas en extremo, hostiles y egoístas. La personalidad tipo B, en contraposición a esta primera, describe a personas relajadas, apáticas, manipuladoras mucho menos ambiciosas y centradas más en la calidad de sus relaciones sociales, que en alcanzar objetivos profesionales destacados. Por último la personalidad tipo C, destacan personas excesivamente empáticas y manipulables,  hasta el punto de anteponer los deseos ajenos a los suyos propios. Son personas, que no suelen trasmitir sus sentimientos con facilidad e incapaces de manifestar sus emociones en la mayor parte de las ocasiones. Tratan de mantener una apariencia tranquila y calmada en la mayoría de las ocasiones, con la intención de no dañar a los demás.

Debe tenerse en cuenta que no hay tipos de personalidades más correctos o adecuados que otros y que en todos estos casos es necesario trabajar una serie de variables específicas.

Predominio personalidad tipo A:

  • Aprender a descansar (desaprender la necesidad de rellenar huecos varios).
  • Empezar a aprender de las obligaciones, marcando tiempos (puedo trabajar y cumplir los objetivos propuestos, sintiendo cada uno de los pasos que doy, quizás esta forma de vivir el trabajo , optimice los resultados y lo convierta en una actividad gratificante en vez de una sacrificio constante).
  • Disfrutar de cosas “no exigentes”, que por el simple hecho de tenerlas, se pasan por alto (desayunar en familia, preguntar a los hijos que tal les va todo…).
  • Encontrar aficiones y permitirse disfrutar de ellas.

Predominio personalidad tipo B:

  • Ponerse objetivos específicos, luchar por conseguirlos y premiarse ante ello, sintiendo la satisfacción de haber conseguido metas de forma personal.
  • Involucrarse en la toma de decisiones que implique elección, riesgo  y/o compromiso (evitar respuestas del tipo “me da igual, me es indiferente”).
  • Encontrar aficiones y permitirse disfrutar de ellas.
  • Participa de las decisiones de los demás implicándose en las mismas, en vez de mostrarse crítico de forma no clara.

Predominio personalidad tipo C:

  • Provocar y aprovechar situaciones para expresar sentimientos y opiniones propias. Analizar y experimentar lo negativo de llevar a cabo la conducta y lo positivo de la misma. incidir en lo bueno que obtenemos ante la expresión de las emociones.
  • Aprender a decir NO.
  • Buscar tiempo para uno mismo: autocuidado, disfrutar de aficiones, entre otras.

“Pedazos de silencio”

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En París en el barrio de los Artistas, esperando a dibujar uno de esos abrazos únicos e irrepetibles, uno de esos abrazos sin prisa, con tiempo y a destiempo, uno de esos abrazos que se dan con la intención de volver a recuperarlo todo, entonces ya el tiempo no disputa ninguna batalla perdida, ahora luchas contra el olvido, contra las cosas imposibles y contra todos los previstos o imprevistos que surjan en el universo…porque ahora todo cuanto tienes es el espacio escaso que te separa . En Candem Town paseando hasta que te duela el alma de imaginar, que cuesta perpetuar todo lo que es de carne y hueso y más aun lo que no se percibe, se siente o se contempla con los ojos, haciendo las cosas mucho más concretas y reales aun si cabe.

Qué importa…qué importa cuando te regalan un billete hacía alguna parte, tras el que se esconde unas ganas irrefrenables de arreglarlo todo, de sonreír, de apostar, pero somos desconfiado, maldita desconfianza suspicaz e irremediable a veces que hace  que no creamos en las formulas que no cuestan dinero, que nos rozan el alma, que nos acarician la espalda que nos duermen a besos. No creemos, no creemos porque vivimos en una sociedad en la que todo cuesta demasiado.

MIEDO IRREFRENABLE … miedo irrefrenable a disfrutar como niños, en un mundo que hemos hecho de adultos por miedo a soñar, no sea que por soñar lleguemos a perderlo todo.

Alma rota, desgastada, con la pluma seca de los sueños rotos, con las piernas cansadas de ir contra corriente y sin alzar el vuelo después de haberlo intentado solos tantas y tantas veces…se escapó la musa de los relatos cortos, de los versos sin voz, de los besos en ningún sitio…y mientras tanto jugamos a intentar entenderlo todo.

Y qué me dices de ese acorde en el silencio, en vez de ese eco que rebota haciéndote escuchar lo que dices sin descanso … una y tantas veces, sin respuesta. Encadenado a la locura de llegar a pensar, que quizás no esté en lo cierto, renunciando a tu esencia o los principios en los que creíste desde hace tanto.…

¿Y los sueños? maldita batalla que acampa en el corazón de los que no descansan, insaciable sed, provocada, por la necesidad de no ser capaz de dejar nada a medias, de seguir intentándolo, aunque el resto en tu lugar, hubiese abandonado hace tanto, sin que te queden más fuerzas…sin querer dar más explicaciones que las precisas y sin necesitar la aprobación de nadie más, con tanto y nada pendiente a la vez…

La Tristeza

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Hoy quiero hablar de la tristeza…

La tristeza se etiqueta como un sentimiento o estado del ánimo de carácter negativo.
Son diversas las situaciones de las que se vale este sentimiento, para ser puesto de manifiesto: cuando perdemos a alguien a quien queríamos mucho, nos sentimos tristes; cuando nos decepciona alguien en quien habíamos depositado toda nuestra confianza; en cambio otras veces la tristeza se debe a determinados cambios nada fáciles, o a periodos de transición, aceptación y/o cambio. También nos ponemos tristes cuando nos sentimos solos. Cuando una persona está triste , al menos en la mayoría de las ocasiones, pierde la ilusión y mantener la esperanza se convierte en un esfuerzo constante que no sale de forma natural y que lo mantiene alerta si no quiere que se desvanezca por completo.
Cuando una persona está triste no es “esa persona”, se camufla su esencia. En muchas ocasiones la tristeza hace que sintamos ganas de llorar y el desgano y la falta de voluntad son dos rasgos que definen perfectamente a este sentimiento una vez que aflora.

Hay personas que se ponen tristes solo en determinadas ocasiones, no debemos olvidar que la tristeza es al igual que el resto de nuestros sentimientos. La tristeza, al igual que la alegría o el miedo, se convierte en un mecanismo de defensa y adaptación que favorece el aprendizaje y la adaptación de nuestro organismo, al contexto específico en el que nos desarrollamos.
De igual modo, hay otras personas a las que este sentimiento les invade la mayor parte del tiempo y no solo de forma ocasional, como se mencionaba que les sucedía a las demás personas, si no de forma casi continua y permanente.

Cuando esto sucede, cuando la tristeza te asalta ya sea de manera puntual o más extendida en el tiempo, tienes la sensación de que este sentimiento que te ahoga y que te deja sin armas va a durar para siempre.

Pero ¿Qué sentimos cuando estamos tristes?

Cuando estamos tristes nos sentimos completamente vacíos e ilusionarnos supone un rato cada mañana, y además nos sentimos desamparados (de ahí la importancia que tienen los abrazos). Nos sentimos desprotegidos, perdidos y completamente olvidados, lo cual nos hace entrar en un bucle el cual lleva a nuestra desesperación a los límites más insospechados de la razón humana. Terminamos culpándonos a nosotros mismos no solo de la situación en la que estamos viviendo inmersos, si no también de la repercusión que tiene nuestro estado de ánimos sobre el resto de personas, lo cual nos frustra y hace crecer nuestra desesperación. Además nos irritamos con facilidad y nos volvemos vulnerables, nos sentimos cada vez más solos y cada vez sentimos que menos gente disfruta con estar a nuestro lado. Habitualmente nos sentimos fatigados y el cansancio se convierte en nuestro compañero del día a día. Esta tristeza de forma patológica puede llegar a producir sentimientos de muerte e incluso intentos de suicidio.
¿Cuándo debemos preocuparnos?

Cuando este estado de tristeza se prolonga, repercutiendo de forma negativa desempeño de nuestra vida, y no dejándonos disfrutar de las “cosas bonitas que hace cada día único, exclusivo y diferente”
¿La tristeza que siento es normal o se está convirtiendo en un estado patológico?¿Por que siento que a veces me invade de forma repentina y sin motivo aparente?¿Qué puedo hacer para combatir la tristeza?¿Tiene “cura”?¿Qué mecanismos podemos utilizar en nuestra vida diaria para combatir este sentimiento?

LAS RESPUESTAS A TODAS ESTAS PREGUNTAS EN EL PRÓXIMO ARTÍCULO

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