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¿Cuándo está permitido rendirse?

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“Voy a pintar estrellitas, pero esta vez lo haré en el cielo”

Recuerdo la primera vez que os pinté, el dibujo no estuvo listo del todo hasta que os coloreé de amarillo. Hoy habéis aparecido para recordarme, que hay que pintar estrellas que te hagan sentir valiente.

¿Cuando no está permitido rendirse?

Conocí a una niña, por aquellos entonces tenía los ojos un poquito más oscuros y eso la hacia tremendamente especial, sencillamente diferente. Ella pintó estrellas, de esas que se colorean cuando todos deciden irse a la cama, e inventó poesías, que no fue capaz de leer hasta que alguien quiso escucharlas. Fue esa niña la que me enseñó a no rendirme.

Ella escribió una lista de deseos que guardó en una caja de lata, de esas que las abuelas siempre llenan de hilos de colores. A ella no le importaba que para el resto del mundo fueran imposibles, porque ella no estaba dispuesta a rendirse.

No nos cremos que para luchar no son necesarios argumentos que convenzan al resto, que no necesitamos convencer a nadie si realmente nosotros estamos convencidos de que está mereciendo la pena. Y si para nuestro corazón está mereciendo la pena, que nadie nos diga que no debemos seguir adelante.

 

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Lágrimas

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Lágrimas cargadas de recuerdos, que responden a fotografías incapaces de atrapar todo, todo lo que fue y lo poco que nos queda si es que nos queda algo…

Sabores, olores, recuerdos, tardes de primavera en las que de la mano jugábamos a desojar margaritas, tardes de invierno en las que echaba la llave despacito, para darte una sorpresa cuando aparecía tras de ti a pesar de hacer tanto ruido…empapada hasta los huesos, con el alma calada y un par de días por delante que nunca pensé que llegaría a perder tan pronto…

Apenas unas cuantas palabras sinceras escritas en algún que otro cumpleaños, fotografías llenas de locura, que pusiste y te llevaste para tener cerquita de tí y palabras…tan pocas palabras sinceras por miedo a que notases lo que sentía y el eco de tu voz resonando siempre de fondo, me hacían saber que siempre estaría cerca de ti…

Olor a oleo mojado, en un par de cuerpos que intenté dibujar tantas veces, tú me decías que estaba precioso yo esperaba que dejase de llover … oleo mojado, olor a oleo mojado, cajas húmedas llenas de recuerdos y comidas que siempre sabrán tan diferentes, postales de quienes a día de hoy apuesto se quieren mucho más que antes y poemas poemas escritos sin rima acorde a una situación, que creí tener para siempre…todo siempre en el mismo lugar, los mismos ruidos a la misma hora y yo siempre tomando la misma alternativa…dudando escasas las veces…

Veranos aburridos sentada en escalones de piedra, en los que jugaba a inventarme que era mayor y tantas historias que imagine escribir y que nunca llegaron a pasar pero que hacían todo aun mucho más real. Ahora me quedan apenas un par de páginas escritas a máquina de escribir  y tu voz esa que constantemente me decía que de dónde había copiado esas cosas, el sabor de un arcoíris escondido tras la palmera de la calle, por la que tantas veces paseamos, y ahora quizás te busque no miento en algún que otro paseo.

La melancolía, o “tristeza llena de recuerdos bonitos que añoramos” no es “mala” o inadecuada. La melancolía puede ser muy útil, nos sirve para valorar acontecimientos y saber cómo tener que enfrentarnos a otros tantos, lo que no es adecuado, es cuando la melancolía gobierna el resto de nuestras emociones y llega a influirnos hasta el punto de no dejarnos vivir de pleno los acontecimientos de nuestra vida. Cuando la melancolía nos roba momentos o simplemente empezamos a vivirla como algo molesto o desagradable deja de ser adecuada.

Si te sientes identificado con este artículo, si te sientes triste y te sientes atrapado “en la caja de tus recuerdos” ponte en contacto conmigo, yo puedo ayudarte: 693607130.