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Tú habla mientras yo te dibujo el alma con los ojos cerrados…

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cara

Tú habla mientras yo te dibujo el alma con los ojos cerrados. Tu piérdete por dentro, mientras yo me pierdo en tus atardeceres con nombre y llenos de historia. Enséñame sin miedo, sin juicio, prejuicio ni condicionamiento, que yo te acompañaré a ese remanso de paz que tanto anhelas, mientras me haces perder la calma, por conocer esa inquietud que te roba el sueño y te hace darle forma a cosas realmente asombrosas, que yo también llevo por dentro, aunque no sea ético que lo reconozca.

Hablemos, hablemos de lo que sea , aunque no proceda, hagámoslo, porque el mundo está lleno de pequeñas oportunidades sencillas con nombre o sin él ¡Qué importa! Enséñame pases estratégicos y magistrales y usa colores, a pesar de las sombras, a pesar de tus sombras.

No olvides que eres asombroso, por tus historias vacías de prejuicios, con necesidad reparadora, cargadas de culpa y remordimiento que a mí me hacen recordarte, mientras me pierdo, que hoy estás donde estás gracias a quien fuiste y lo que viviste algún día.

Dibuja a destiempo, escribe de madrugada aunque no veas las sombras y hazle pases a la vida cuando se distraiga. No te pierdas los atardeceres, los que duelen porque saben a recuerdo. Y si llueve detente y mira al cielo y sonríe, porque eres sencillo, por amar sin prejuicios, por tu miedo detrás de la ira y siéntete especial en ese estanque de peces llenos de colores, diferente al resto, inquieto de día y de noche , anhelante en una vida con sentido, donde la mayoría (varios por dentro) piensan que no te queda nada.

Y hazme que escriba, que juegue, que pinte, aunque no proceda (permíteme que sea repetitiva e insistente en esta cuestión). Pero en la vida, los momentos que no proceden son los que más cosas tienen para regalarte. Y hazme que haga, tú no te olvides de hacerlo, que yo no me olvidaré de compartir contigo momentos irrebatibles, que ojalá y durasen más que una mañana de verano, porque todo lo que importa debería durar mucho más que eso.

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Por los regalos con alma

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acantilado

Dicen que perdieron el alma, que se encuentran vacíos, lo cierto es que cuando me siento con ellos, a mí me llenan por dentro. Hablamos de Dios y de cosas banales al mismo tiempo, de poesía y del significado de la pintura trascendente que se esconde tras sus ojos.  De óleo, pastel o carboncillo . Interpretamos cuentos sin historia e inventamos historias sin cuento. Paseamos a destiempo y programamos juegos que no estaban recogidos, pero que hacen que el tiempo se esfume y mientras tanto, ellos me siguen llenando por dentro, yo sigo creciendo por dentro. Y es que de forma paradójica quien más rotos están son quienes más tienen que ofrecerte. Esto si es Ítaca, Ítaca dispuesta a ofrecerme ser feliz en un banco bajo una noche encapotada de verano, con olor a tierra mojada. Esto si es Ítaca, Ítaca en esencia, Ítaca dispuesta a que le exijas, y es que a mi me quedaba por descubrir la otra Ítaca, la diferente al poema, una Ítaca valiente de “quédate y no te vayas” una ataca sincera, arrojada y sin miedo, una Ítaca a unos pocos kilómetros que al principio se hacen con miedo y que después te recuerda quien eres…y te hace sentirte orgulloso. Una Ítaca llena de acantilados, de saltos al vacío, de riesgos. Una Ítaca que cada mañana (de verano) viene a recordarte que sin pasión y sin fe no vas a ningún sitio. Ítaca , mañanas de verano, amaneceres que te hacen sentirte completamente satisfecha y regalos con alma. Y hablamos de perderse y encontrarse. Y yo lo hago “con todo”. Siempre con todo a pesar de los pesares, siempre con alma, siempre con todo. Y no tengo miedo, ni ellos a que los conozca, a que me conozca por dentro y por fuera, sin reticencias, no a medias, sin censura…como cuando se pinta con los dedos en cartulina amarilla (siempre amarilla). Sin miedo…con todo. Gracias.